miércoles, 6 de mayo de 2015

Louis (Mio)

Louis
me hace señas,
para que lo siga.
Sirvieron algo en mi vaso, y me fui llevando como atada a él hacia el fondo,
en la oscuridad,
desde donde veía el cuadro del perro amarillo iluminado por círculos verdes y rojos que se movían al compás de otra canción,
una canción inexistente.
Vaso en boca, el hielo y su ruido, mis ojos mirando el piso, porque ver a las personas era mirar hacia un mediocre futuro y yo estaba en un pasado, en otro tiempo y hasta en otra ciudad. Y así nunca los iba a encontrar pero no me importaba, porque en mi mente todo era más vivo; porque si no, ahí estábamos los futuristas, la posmodernidad, mirando con cierta soberbia sin habla, sin lengua, sin ojos, porque no nos entendemos,
porque no nos estamos entendiendo…
Porque en cuanto algo se vuelve diferente, se vuelven bacterias hasta absorber la última gota de significancia, hasta lograr copias, reproducción y huevos de las copias,  y luego, la nada. Y yo miro desde afuera con brotes de lastima, de odio, de vergüenza.
Pero estoy con mi vaso y mi hielo, y miro el suelo… y Louis me toca el hombro, me vuelve a invitar a caminar con cierto ritmo, a salir de la oscuridad de la nada, a la noche estrellada. No sé tal vez sea real lo de los planetas.
Doy vueltas por el mismo lugar, no tengo adonde ir, y no quiero ir a ningún lado.
¿Por qué no puedo simplemente estar acá parada sin hacer nada, que ya me vienen a interrumpir mi ociosidad corpórea, como si fuera el peor delito de la historia del avance humano?
Detrás mío el desierto y
unas montañas más allá de donde vengo, de ellas sale el sol rojo. El cielo que hasta hace un momento era azul profundo, se vuelve naranja. Y ya debería estar volviendo a algún lugar.
Pero ¿adonde?
Me acuesto en el pasto pensando en la silueta que podrías dibujar con tu sombra en este instante. 
Algunos están dormidos, otros por salir a trabajar, otros volviendo… pero ustedes duermen entre sábanas traspiradas de un sudor inestable. Que disfrute el tiempo quien aguante sin esfuerzo la supervivencia. Pero sentir han de sentir quienes en ningún momento del día creen que es de día, quien dentro de sus sueños permanece sostenido por una voluntad involuntaria en la realidad que no entiende, actuando con corazón, por ser la única forma de actuar que conoce, deslumbrando en su paso los pasos de los demás, así estos no caminen con ella ni junto a ella. 
Pero si en algún momento tropezara consigo mismo por fuerza externa, la desilusión derrumbaría sus sueños y a ellos no podría volver por miedo al impulso que esa fuerza derrocaría en ella. 
Y se encontraría con todos los caminos en sí mismos.
¿Dónde te perderás hoy?
No llores.

Todo era tan simple, pero ahora es más significativo, cada paso es un triunfo, cada mirada mi propia alma.

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