viernes, 15 de marzo de 2024

Fragmentos de El crepúsculo de los ídolos – Friedrich Nietzsche I

EL CREPÚSCULO DE LOS ÍDOLOS O CÓMO SE FILOSOFA CON EL MARTILLO
Traducción de José Mardomingo Sierra
AFORISMOS Y FLECHAS
6. De lo que mejor se descansa en la naturaleza salvaje de uno mismo es de la contranaturaleza, de la espiritualidad de uno mismo…
9. Ayúdate, y te ayudarán. Primer principio del amor al prójimo.
15. (…) no se nos entiende nunca, y de ahí nuestra autoridad…
34. (…) Sólo los pensamientos adquiridos a fuerza de andar tienen valor.
41. ¿Quieres ir con los demás?, ¿o delante de los demás?, ¿o solo y por tu cuenta?... Hay que saber qué se quiere y que se quiere. Cuarta cuestión de consciencia.
44. Fórmula de mi felicidad: un sí, un no, una línea recta, una meta…
EL PROBLEMA DE SÓCRATES
2. (…) los juicios, los juicios de valor sobre la vida, a favor o en contra, nunca pueden ser verdaderos; tienen valor solamente como síntomas, se los debe tener en cuenta solamente como síntomas, y en sí mismos tales juicios son tonterías.
4. (…) Las cosas honorables, al igual que las personas honorables, no llevan sus razones en la mano, así sin más. (…) Lo que tiene que empezar dejándose mostrar es poco valioso.
10. (…) Hay que ser prudente, claro, lúcido a cualquier precio: toda concesión a los instintos, a lo inconsciente, lleva hacia abajo…
CÓMO EL «mundo verdadero» TERMINÓ POR CONVERTIRSE EN UNA FÁBULA
HISTORIA DE UN ERROR
3. El mundo verdadero, inalcanzable, indemostrable, imprometible, pero ya como pensado, un consuelo, una obligación, un imperativo.
(El viejo sol en el fondo, pero a través de la niebla y el escepticismo; la idea vuelta sublime, pálida, nórdica, regiomontana.)
4. El mundo verdadero, ¿inalcanzable? En todo caso inalcanzado. Y en tanto que inalcanzado también desconocido. En consecuencia, tampoco consolador, redentor, obligante: ¿a qué puede obligarnos algo desconocido…?
(Gris comienzo del día. Primer bostezo de la razón. Canto del gallo del positivismo.)
MORAL COMO CONTRANATURALEZA
1. Todas las pasiones tienen un tiempo en el que son meramente fatídicas, en el que tiran para debajo de su víctima con el peso de la estupidez, y un tiempo posterior, muy posterior, en el que se casan con el espíritu, se «espiritualizan». Antes, a causa de la estupidez contenida en la pasión, se hacia la guerra a la pasión misma (…) Aniquilar las pasiones y apetitos, meramente para prevenir la estupidez y las desagradables consecuencias de la estupidez, nos parece hoy que es a su vez meramente una forma aguda de estupidez.
3. La espiritualización de la sensualidad se llama amor (…)
6. Consideremos, por último, qué gran ingenuidad implica decir: «¡el hombre debería ser de tal y tal modo!». La realidad nos muestra una arrebatadora riqueza de tipos, la exuberancia de un juego y cambio de formas dilapidador: ¿y un infeliz haragán cualquiera de moralista va a decirle a ella: «¡no!, el hombre debería ser de otro modo? (…) Decirle «cambia» significa exigir que todo cambie, hacia atrás incluso… (…)
Nosotros los distintos, nosotros los inmoralistas, hemos ampliado nuestro corazón, a la inversa, para todo tipo de entender, comprender, aprobar. No negamos fácilmente, ponemos nuestro honor en ser afirmativos.
LOS CUATRO GRANDES ERRORES
1. Error de la confusión de la causa y la consciencia. No hay error más peligroso que confundir la consecuencia con la causa: lo llamo la auténtica corrupción de la razón.
2. La fórmula más general que subyace a toda religión y moral reza así: «Haz tal cosa y tal otra, omite tal cosa y tal otra, ¡y serás feliz! De lo contrario…» (…) En una fórmula: su virtud es la consecuencia de su felicidad…
3. Error de una causalidad falsa. (…) Nos creíamos a nosotros mismos causales en el acto de la voluntad; pensábamos al menos que ahí habíamos pillado a la causalidad con las manos en la masa.
(…) ¿Quién habría negado que un pensamiento es causado, que el yo causa el pensamiento?... De estos tres «hechos internos» que parecían avalar la causalidad, el primero y más conveniente es el de la voluntad como causa; la concepción de una consciencia («espíritu») como causa y, posteriormente, además la del yo (la del «sujeto») como causa son nacidos después de que la causalidad constase como dada por la voluntad, como experiencia… (…) El mundo interior está lleno de imágenes ilusorias y fuegos fatuos: la voluntad es uno de ellos. La voluntad ya no mueve nada, y en consecuencia tampoco explica ya nada; meramente acompaña procesos, y también puede faltar. El denominado «motivo»: otro error. (…)
El hombre ha proyectado hacia fuera de él sus tres «hechos internos», aquello en lo que creía con más firmeza, la voluntad, el espíritu, el yo: sacó el concepto del ser del concepto del yo; puso con arreglo a su imagen, con arreglo a su concepto del yo como causa, las «cosas» como siendo. Nada tiene de extraño que más tarde sólo encontrase en las cosas lo que él había metido en ellas.
4. (…) La mayor parte de nuestras sensaciones generales, todo tipo de inhibición, presión, tensión, explosión en el juego y resistencia de los órganos, como sucede especialmente con el estado del nervus sympathicus, excitan nuestra pulsión de buscar causas: queremos tener una razón de nos encontremos de tal y tal modo, de que nos encontremos mal o de que nos encontremos bien. Nunca nos basta limitarnos a constatar sencillamente el hecho de que nos encontramos de tal y tal modo: no admitimos ese hecho -no nos hacemos conscientes de él- hasta que le hemos dado una especie de motivación.
5. Explicación psicológica de lo anterior. Remitir algo desconocido a algo conocido alivia, tranquiliza, satisface, da además una sensación de poder. Con lo desconocido vienen dados el peligro, la intranquilidad, la preocupación: el primer instinto se dirige a eliminar esos estados penosos. Primer principio: cualquier explicación es mejor que ninguna. Dado que en el fondo se trata solamente de querer librarse de representaciones que oprime (…) la primera representación con la que lo desconocido se explica como conocido sienta tan bien que se la «tiene por verdadera». (…) La pulsión de buscar causas está, así pues, condicionada y excitada por la sensación de miedo. (…) Que algo ya conocido, vivenciado, inscripto en el recuerdo, sea puesto como causa es la primera consecuencia de esa necesidad. Lo nuevo, lo no vivenciado, lo ajeno, es excluido como causa. Así pues, se busca como causa no sólo un tipo de explicaciones, sino un tipo de explicaciones escogido y preferido, aquellas en las que la sensación de lo ajeno, nuevo, no vivenciado haya sido eliminada con la mayor rapidez y frecuencia posibles: las explicaciones más acostumbradas.
6. (…) (las emociones, los sentidos puestos como causa, como «culpables»; estados de necesidad fisiológicos interpretados mediante otros estados de necesidad como «merecidos») (…) se confunde la verdad con el efecto de lo creído como verdadero…
7. (…) Dondequiera que se busquen responsabilidades suele ser el instinto de querer castigar y juzgar quien las busca. Se ha despojado al devenir de su inocencia cuando cualquier ser de tal y tal modo se remite a la voluntad, a propósitos, a actos de responsabilidad: la doctrina de la voluntad ha sido inventada esencialmente con la finalidad de castigo, es decir, del querer encontrar culpable. (…) con el concepto de «orden moral del mundo» siguen infestando la inocencia del devenir mediante el «castigo» y la «culpa».
8. (…) Nadie es responsable del mero hecho de existir, de estar constituido de tal o cual modo, de hallarse en estas circunstancias, en este entorno.

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