viernes, 15 de marzo de 2024

Fragmentos de El crepúsculo de los ídolos – Friedrich Nietzsche II

EL CREPÚSCULO DE LOS ÍDOLOS O CÓMO SE FILOSOFA CON EL MARTILLO
Traducción de José Mardomingo Sierra
LO QUE LES FALTA A LOS ALEMANES
6. (…) …las tres tareas para la que se necesitan educadores. Hay que aprender a ver, hay que aprender a pensar, hay que aprender a hablar y a escribir: la meta en esas tres tareas es una cultura noble. Aprender a ver: acostumbrar el ojo a la calma, a la paciencia, a dejar que las cosas se le acerquen; aprender a diferir el juicio, a rodear y abarcar el caso particular de todas partes. Ésta es la primera enseñanza preliminar para la espiritualidad: no reaccionar a un estímulo inmediatamente, sino dominar los instintos inhibidores (…) Aprender a ver (…) es casi lo que el modo de hablar no filosófico denomina voluntad fuerte: (…) poder suspender la decisión. (…) toda la vulgaridad descansa en la incapacidad de prestar resistencia a un estímulo: se tiene que reaccionar, se da seguimiento a todo impulso. En muchos casos ese «tener que» es ya algo enfermizo, decadencia, síntoma de agotamiento (…) incapacidad fisiológica de no reaccionar. Una aplicación práctica del haber aprendido a ver: como discente en general se habrá hecho uno lento, desconfiado, reacio. A lo ajeno, a lo nuevo de todo tipo sólo se le dejará que se acerque con una calma hostil, se retirará la mano cuando se aproxime.
INCURSIONES DE UN INTEMPESTIVO
7. (…) La naturaleza es la casualidad. (…) Ver lo que es: esto es propio de otro género de espíritus, de los antiartísticos, de los fácticos. Hay que saber quién se es…
8. (…) Lo esencial de la ebriedad es la sensación de incremento de fuerza, de plenitud. De esta sensación se da también a las cosas, se las fuerza a que tomen de nosotros, se las viola: a esta operación se la denomina: idealizar. Librémonos aquí de un prejuicio: el idealizar no consiste, como se cree comúnmente, en retirar o descontar lo pequeño, lo accesorio. Un enorme resaltar los rasgos principales es más bien lo decisivo, de modo que así los demás desaparecen.
9. (…) Este tener que transformar en lo perfecto es… arte. (…) en el arte el hombre se disfruta como perfección.
10. (…) A la persona dionisiaca le es imposible no comprender una sugestión, no pasa por alto señal alguna de la emoción, posee en su más alto grado el instinto que comprende y adivina, al igual que posee en su más alto grado el arte de la comunicación.
13. (…) Emerson posee aquella jovialidad bondadosa e ingeniosa que deja desarmada a cualquier seriedad; absolutamente no sabe lo viejo que es ya y lo joven que será aún; podría decir de él mismo, con una frase de Lope de Vega, «yo me sucedo a mí mismo» (…) «Ut desint vires – decía agradecido-, tamen est laudanda voluptas.» («Aunque falten las fuerzas, sin embargo es de alabar la pasión que se pone.»
18. Sobre la «conciencia intelectual». Nada me parece hoy más raro que la auténtica hipocresía. (…) ¿Qué es lo que lo pone hoy a uno en un compromiso? Ser consecuente. Ir en línea recta. Admitir menos de cinco interpretaciones. Ser auténtico… (…) los pocos hipócritas que he conocido imitaban la hipocresía: eran, como hoy en día casi un hombre de cada diez, actores.
19. (…) El hombre cree que el mundo mismo está repleto de belleza, pero se olvida de sí mismo como su causa. (…) En el fondo, el hombre se refleja en las cosas, tiene por bello cuanto le devuelve reflejada su imagen: el juicio «bello» es su vanidad de la especie
22. (…) Platón (…) sostiene una tesis distinta: que toda belleza estimula a procrear, que esto es precisamente lo proprium de su efecto, desde lo más sensual hasta las alturas de lo más espiritual…
27. «¡Este retrato es encantadoramente bello!»… La mujer literaria, insatisfecha, excitada, aburrida y vacía en el corazón y en sus entrañas, escuchando atentamente en todo momento con dolorosa curiosidad el imperativo que desde las profundidades de su organización susurra: «aut liberi aut libri» («o hijos o libros»); la mujer literaria, lo suficientemente cultivada para entender la voz de la naturaleza, incluso cuando hable en latín, y, por otra parte, lo suficientemente vanidosa y gansa para decirse secretamente, y en francés: «Je me verrai, je me lirai, je m’extasierai et je dirai: Possible, que j’aie eu tant d’esprit?»… («Yo me veré, yo me leeré, yo me extasiaré y diré: ¿Es posible que yo haya tenido tanto espíritu?» [¡Ja!]
29. De un examen de doctorado. «¿Cuál es la tarea de todo sistema educativo superior?» Hacer del hombre una máquina. «¿Cuál es el medio para ello?» Tiene que aprender a aburrirse. «¿Cómo se logra eso?» Mediante el concepto de deber.
38. (…) ¡qué es la libertad! Tener la voluntad de la propia responsabilidad. Mantener la distancia que nos separa. Volverse más indiferente a la fatiga, a la dureza, a las privaciones, incluso a la vida. (…) El hombre que ha llegado ha ser libre, y tanto más el espíritu que ha llegado a ser libre, pisotea el despreciable tipo de bienestar con el que sueñan (…) los demócratas. El hombre libre es guerrero. (…) el peligro, que es lo primero que nos hace conocer nuestros recursos, nuestras virtudes, nuestra defensa y nuestras armas, nuestro espíritu, que nos constriñe a ser fuertes…Primer principio: hay que necesitar ser fuerte: de lo contrario, nunca se llegará a serlo. (…) …la palabra libertad: como algo que se tiene y que no se tiene, que se quiere, que se conquista
46. (…) No sin finura se ha dicho: il est indigne des grands coeurs de répandre le trouble, qu’ils ressentent («Es indigno de los grandes corazones difundir a su alrededor la turbación que ellos experimentan»: sólo hay que añadir que no tener miedo de lo más indigno puede ser también grandeza del alma.
47. (…) es preciso haber preferido la belleza a la utilidad, a la costumbre, a la opinión, a la inercia. Criterio supremo: es preciso no «dejarse ir» tampoco ante uno mismo.
48. (…) «vuelta a la naturaleza» (…) no es un volver, sino un subir, subir a la alta, libre, incluso terrible naturaleza y naturalidad, a una que juega con grandes tareas, a la que le es lícito jugar con ellas…
(…) ¡La doctrina de la igualdad! (…) «Igual a los iguales, desigual a los desiguales, éste sería el verdadero discurso de la justicia: y, lo que se sigue de ahí, no igualar nunca lo desigual.»
49. Goethe. (…) Lo que quería era totalidad (…) se creó a sí mismo. En medio de una época de mentalidad irreal, Goethe era un realista convencido. (…) Goethe concibió un hombre fuerte, sumamente culto, hábil en todas sus corporalidades, que se tiene a raya a sí mismo, lleno de veneración por sí mismo, al que le es lícito atreverse a concederse todo el volumen y riqueza de la naturalidad, que es lo suficientemente fuerte para esa libertad; el hombre de la tolerancia, no por debilidad, sino por fortaleza, porque sabe utilizar en beneficio propio aquello en lo que la naturaleza media perecería…
50. (…) a todo aquello a lo que Goethe aspiraba como persona: una universalidad en el entender, en el aprobar, un dejar que se le acerquen a uno cosas de todo tipo, un osado realismo, una veneración por todo lo fáctico. (…) se malentiende a los grandes hombres cuando se los ve desde una ruin perspectiva de una utilidad pública. Que no se sepa extraer de ellos utilidad alguna, esto incluso quizá forma parte de la grandeza
LO QUE LE DEBO A LOS ANTIGUOS
1. (…) y lo que más me gusta es no decir absolutamente nada…
2. (…) la voluntad incondicionada de no engañarse a sí mismo con figuración alguna y de ver la razón en la realidad: no en la «razón», todavía menos en la «moral»… (…) La valentía en la realidad diferencia en último término a naturalezas como Tucídides y Platón: Platón es un cobarde ante la realidad, y, en consecuencia, se refugia en el ideal; Tucídides se tiene a sí mismo bajo su poder, y, en consecuencia, mantiene también las cosas bajo su poder…
3. (...) Se necesitaba ser fuerte (...) no se quería tampoco otra cosa que sentirse seguro de sí mismo, que mostrarse seguro de sí mismo (...)

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