lunes, 23 de octubre de 2017

A Antonin Artaud – de Jacques Prevel

Y si un día un hombre se alzase entre los hombres
Y si un día un hombre avanzase entre los hombres
…para ser mi amigo
Un hombre lo suficientemente puro para ponerme a prueba
…por completo
Un hombre lo suficientemente loco y vacío de sentido para
…entenderme
Un hombre de mi raza
Pero que haya quebrado los fracasos y los temores
Y que leería a través de los innumerables años
Un hombre que no temería mis sarcasmos
Y no temería mi odio
Quizás sin espanto
Quizás lo reconocería antes de hundirme en la
…noche.
3 de febrero de 1945.

jueves, 19 de octubre de 2017

Espacio y tiempo (Mio, y nada tienen que ver acá)

Espacio
Saldrás de tu casa. 
Solo. 
Andarás en el auto hasta llegar a aquella casa que nada tiene que ver con vos, 
que nada sabe de vos. 
Te sentarás en la mesa, 
actuarás un segundo como un idiota. 
Y luego harás lo que se proponga sin molestarte o molestándote sin problemáticas. 
Me mirarás y desviaré la mirada, pero sonreiré. 
Saldrás de allí como si nada.
 Llegaras a tu casa, 
tendrás el calor de la hornalla, 
como el de la estufa, 
como el de un abrazo (si quisieras), 
tendrás la sonrisa de un estúpido chiste o la sonrisa situacional, 
que no sirve más que para ornamentar. 
Tendrás la comida preparada, 
la mesa puesta 
o tal vez la cena con amigos.

Las mangas de tus pulóveres 
han sido dobladas por detrás, 
para luego ser doblados sobre sí 
y ser guardados por unas suaves manos 
y un hermoso aroma en tu ropero.
No veo libros, 
más que aquellos que no son tuyos pero tampoco de mi interés. 
No veo cuadros…
Un perro asoma su hocico por la puerta de la cocina, 
alguien lo echa con un gesto 
y vuelve a sus quehaceres; 
repartirás besos a ambos para recompensar a todos, 
y para dejarlo entrar. 
Te sentaras en la mesa y repasaras el día, 
sin perturbarte, 
sin que se te haya sacudido ni un segundo el alma. 
Tan seguro de lo que haces como de lo que decís.

Mientras, 
yo, 
me desconcerté al ir, 
cavilando en no ir.
Al llegar, pensando en que ya estabas… 
al verte entrar, pensando en que ya no llegarías. 
Me fui pensando en que ojala no concurrieras nunca más, 
así mi corazón se aliviaría. 
Me fui soñando con que seguirías yendo y yo no volvería, 
sacudí mi cabeza ante ese sueño.
Repasé mis pasos anteriores por el mundo, 
me entristecí, me aborrecí, me conformé... 
Y mientras, reparo en mis tristezas, 
por lo menos, sé muy bien, que hoy vos no viviste.

Tiempo
Se levanta a las nueve, 
con sus pantuflas recorre la casa 
abriendo las ventanas que cerrara en dos horas. 
Saca llave a todas las puertas. 
Por el pasillo va pensando que ya es hora del desayuno 
y ojalá que dure más tiempo que el de ayer 
y el de antes de ayer. 
Da de comer a sus gatos. 
Lee un poco, 
otro poco mira hacia afuera 
y sin creerlo ya es hora de comer. 
Otra vez. 
Agradece tener para lavar los platos, 
mata el tiempo. 
Mira un poco la tele. 
Va al baño con esfuerzo. 
Se acuesta, 
reza para poder dormirse, 
pero no puede… 
Piensa, llora, sonríe, recuerda, lee. 
Se levanta, limpia sobre lo limpio. 
Lee en el living, 
mira, escucha, siente, piensa, 
lee en el living. 
Pone llave a las puertas, 
come algo, 
mira tele, 
toma la pastilla, 
duerme.

Se levanta a las nueve, 
con sus pantuflas recorre la casa 
abriendo las ventanas que cerrará en dos horas. 
Saca llave a las puertas. 
Y cuando va por el pasillo 
tocan la puerta… 
se enfurece de saber 
que alguien está ahí 
para romper su rutina.

martes, 10 de octubre de 2017

jueves, 5 de octubre de 2017

El burro - Roberto Bolaño

A veces sueño que Mario Santiago
viene a buscarme con su moto negra.
Y dejamos atrás la ciudad y a medida
que las luces van desapareciendo
Mario Santiago me dice que se trata
de una moto robada, la última moto
robada para viajar por las pobres tierras
del norte, en dirección a Texas,
persiguiendo un sueño innombrable,
inclasificable, el sueño de nuestra juventud,
es decir el sueño más valiente de todos
nuestros sueños. Y de tal manera
cómo negarme a montar la veloz moto negra
del norte y salir rajados por aquellos caminos
que antaño recorrieran los santos de México,
los poetas mendicantes de México,
las sanguijuelas taciturnas de Tepito
o la colonia Guerrero, todos en la misma senda,
donde se confunden y mezclan los tiempos:
verbales y físicos, el ayer y la afasia.
Y a veces sueño que Mario Santiago
viene a buscarme, o es un poeta sin rostro,
una cabeza sin ojos, ni boca, ni nariz,
sólo piel y voluntad, y yo sin preguntar nada
me subo a la moto y partimos
por los caminos del norte, la cabeza y yo,
extraños tripulantes embarcados en una ruta
miserable, caminos borrados por el polvo y la lluvia,
tierra de moscas y lagartijas, matorrales resecos
y ventiscas de arena, el único teatro concebible para nuestra poesía
Y a veces sueño que el camino
que nuestra moto o nuestro anhelo recorre
no empieza en mi sueño sino en el sueño
de otros: los inocentes, los bienaventurados,
los mansos, los que para nuestra desgracia
ya no están aquí. Y así Mario Santiago y yo
salimos de la ciudad de México que es la prolongación
de tantos sueños, la materialización de tantas
pesadillas, y remontamos los estados
siempre hacia el norte, siempre por el camino
de los coyotes, y nuestra moto entonces
es del color de la noche. Nuestra moto
es un burro negro que viaja sin prisa
por las tierras de la Curiosidad. Un burro negro
que se desplaza por la humanidad y la geometría
de estos pobres paisajes desolados.
Y la risa de Mario o de la cabeza
saluda a los fantasmas de nuestra juventud,
el sueño innombrable e inútil
de la valentía.
Y a veces creo ver una moto negra
como un burro alejándose por los caminos
de tierra de Zacatecas y Coahuila, en los límites
del sueño, y sin alcanzar a comprender
su sentido, su significado último,
comprendo no obstante su música:
una alegre canción de despedida.
Y acaso son los gestos de valor los que
nos dicen adiós, sin resentimiento ni amargura,
en paz con su gratuidad absoluta y con nosotros mismos.
Son los pequeños desafíos inútiles -o que
los años y la costumbre consintieron
que creyéramos inútiles-los que nos saludan,
los que nos hacen señales enigmáticas con las manos,
en medio de la noche, a un lado de la carretera,
como nuestros hijos queridos y abandonados,
criados solos en estos desiertos calcáreos,
como el resplandor que un día nos atravesó
y que habíamos olvidado.
Y a veces sueño que Mario llega
con su moto negra en medio de la pesadilla
y partimos rumbo al norte,
rumbo a los pueblos fantasmas donde moran
las lagartijas y las moscas.
y mientras el sueño me transporta
de un continente a otro
a través de una ducha de estrellas frías e indoloras,
veo la moto negra, como un burro de otro planeta,
partir en dos las tierras de Coahuila.
un burro de otro planeta
que es el anhelo desbocado de nuestra ignorancia,
pero que también es nuestra esperanza
y nuestro valor.
Un valor innombrable e inútil, bien cierto,
pero reencontrado en los márgenes
del sueño más remoto,
en las particiones del sueño final,
en la senda confusa y magnética
de los burros y de los poetas.

Humanidad te amo - E.E. Cummings

Humanidad 
te amo
porque preferirías embarrar las botas del
éxito antes que preguntar de quién es el alma que cuelga de la
cadena del reloj lo cual sería vergonzoso para ambas
partes y porque
aplaudís resueltamente todas
las canciones que contengan las palabras país casa y
madre cuando las cantan en el viejo teatro
Humanidad te amo porque
cuando andás pobre empeñás
tu inteligencia para comprarte un trago y cuando
te echan tu orgullo impide
que te acerques a las casas de empeño y
porque estás continuamente haciendo
cosas molestas pero más
que nada en tu propia casa
Humanidad te amo porque
estás perpetuamente poniendo el secreto de
la vida en tus pantalones y te olvidás
que está ahí y te sentás
en él
y porque estás
siempre haciendo poemas en el regazo
de la muerte
Humanidad
te odio.

Sweeney entre los ruiseñores - T. S. Eliot

Sweeney cuello de simio extiende sus rodilla
descolgando sus manos para reír,
hinchándose hasta parecer Jirafa.
Los círculos de la luna tormentosa
se deslizan hacia el este, hacia el río de la Plata.
la Muerte y el cuerpo se desvían arriba
y Sweeney guarda los pórticos encornados.
El tenebroso Orión y el perro
están velados; y calmados los estremecidos mares;
la persona en la capa española
trata de sentarse sobre las rodillas de Sweeney;
resbala y empuja el mantel de la mesa
vuelca una taza de café
se reorganiza en el suelo
bosteza y se sube una media;
el hombre silencioso vestido de marrón moka
se deja caer en el alfeizar de la ventana y bosteza;
el camarero trae naranjas
bananas, higos y uvas de invernadero;
el silencioso vertebrado marrón
se contrae y concentra, se quita;
Rachel Née Rabinovich
arranca las uvas con garras asesinas;
ella y la dama en la capa
son sospechosas, se piensa están ligadas;
por lo tanto el hombre con ojos pesados
rechaza el gambito, muestra fatiga;
deja el cuarto y reaparece
fuera de la ventana, inclinándose
ramas de glicinas
circunscriben una mueca dorada.
El anfitrión conversa con alguien indistinto
conversa aparte en la puerta,
los ruiseñores están cantando cerca
del convento del Sagrado Corazón
y cantaron dentro de la arboleda sangrienta
cuando Agamenón gritó
y dejaron caer su líquido dividido
para mancillar el duro, deshonrado sudario.

Gerontion - T. S. Eliot

[Imagen del Libro: "Lolita" de Nabokov]

1. Irónica alusión al poema «Gerontion», de T. S. Eliot:
Tú no tienes ni juventud ni vejez
Sino como si fuera una siesta después de comer
Soñando con ambas cosas.
Aquí estoy yo, un viejo en un mes seco,
con un niño que me lea, esperando la lluvia.
Ni estuve en las Puertas Calientes
ni combatí en la cálida lluvia
ni me metí hasta la rodilla en el pantano salobre, blandiendo un machete,
picado de moscas, combatido.
Mi casa es una casa echada a perder,
y el judío de encuclilla en el alféizar de la ventana, el propietario,
engendrado en algún cafetucho de Amberes,
lleno de ampollas en Bruselas, remedado y pelado en Londres.
El macho cabrío tose por la noche en el campo de arriba:
piedras, musgo, pan-de-cuco, hierro, mierdas.
La mujer guarda la cocina, hace té,
estornuda al anochecer, hurgando en el reclutante sumidero. Yo soy un viejo,
una cabeza opaca entre espacios con viento.
Los signos se toman por prodigios: “¡Queremos ver un signo!”
La palabra dentro de una palabra, incapaz de decir una palabra,
envuelta en pañales de tiniebla. En la adolescencia del año
llegó Cristo el tigre
en el depravado mayo, cornejo y castaño, floreciente árbol de judas,
para ser comido, para ser dividido, para ser bebido
entre cuchicheos; por Mr. Silvero
el de manos acariciadoras, en Limoges,
que dio vueltas toda la noche en el cuarto de al lado;
por Hakagawa, haciendo reverencias entre los Tizianos;
por Madame de Tornquist, en el cuarto oscuro
desplazando las velas; Fräulein von Kulp,
que se volvió en el vestíbulo, una mano en la puerta.
Vacías lanzaderas
tejen el viento. No tengo fantasmas,
un viejo en una casa llena de corrientes
al pie de una loma con mucho viento.
Tras de tal conocimiento, ¿qué perdón? Piensa ahora,
la historia tiene muchos pasadizos astutos, pasillos arreglados,
y salidas; engaña con ambiciones susurrantes,
nos guía por vanidades. Piensa ahora,
ella da cuando nuestra atención está distraída
y lo que da, lo da con tan sutiles confusiones
que la que da hace pasar hambre al que suplica. Da demasiado pronto
en manos débiles, lo que es pensado, se puede prescindir de ello
hasta que el rechazo propaga un miedo. Piensa:
ni miedo ni valentía nos salvan. Vicios antinaturales
son engendrados por nuestro heroísmo. Virtudes
se nos imponen a la fuerza por nuestros vicios desvergonzados.
Esas lágrimas son sacudidas del árbol cargado de ira.
El tigre salta al nuevo año. A nosotros nos devora. Piensa al fin,
no hemos alcanzado una conclusión cuando yo
me quedo rígido en una casa alquilada. Piensa al fin,
no he hecho este espectáculo sin un propósito
y no es por ninguna concitación
de los demonios que tiran hacia atrás.
Llegaría a coincidir contigo sobre esto honradamente.
Yo que estaba cerca de tu corazón fui apartado de él
para perder belleza en terror, terror en averiguación.
He perdido mi pasión: ¿por qué necesitaría conservarla
puesto que lo que se conserva debe ser adulterado?
He perdido mi vista, olfato, oído, gusto y tacto:
¿cómo habría de usarlos para tu contacto más cercano?
Estos, con mil pequeñas deliberaciones
prolongan el beneficio de su congelado delirio,
excitan la membrana, cuando el sentido se ha enfriado,
con salsas picantes, multiplican variedad
en una selva de espejos. ¿Qué hará la araña,
suspender sus operaciones; se retrasará
el gorgojo? De Bailhache, Fresca, Mrs. Cammel, giraban
más allá del circuito de la Osa estremecida
en átomos fracturados. Gaviota contra el viento, en los ventosos estrechos
de Belle Isle, o corriendo al Cabo de Hornos,
Plumas blancas en la nieve, se las lleva el Golfo,
y un viejo empujado por los Alisios
a un rincón soñoliento.
Inquilinos de la casa.

Pensamientos de un cerebro seco en una estación seca.

sábado, 20 de mayo de 2017

Dos poemas de William Carlos Williams

ACACIA EN FLOR
De
entre
la verde

tenaz
vieja y
brillante

rama
rota
surge

el blanco
y dulce
mayo

otra vez.

POETA CON CABEZA DE CERDO
Todo lo que hago
todo lo que escribo
me aleja
de quienes quiero

Si es bueno
quedan confundidos
si es malo
avergonzados

Corro un riesgo enorme
hacia el amor que me tienen
camino descalzo
por arenas movedizas.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Este amor - Jacques Prévert

Este amor
Tan violento
Tan frágil
Tan tierno
Tan desesperado
Este amor
Bello como el día
Y malo como el tiempo
Cuando hace mal tiempo
Este amor tan verdadero
Este amor tan hermoso
Tan feliz
Tan alegre
Y tan irrisorio
Temblando de miedo como un niño en la oscuridad
Y tan seguro de sí mismo
Como un hombre tranquilo en medio de la noche
Este amor que daba miedo a los otros
Que les hacía hablar
Que los hacía palidecer
Este amor acechado
Porque lo acechábamos
Acosado herido pisoteado rematado negado olvidado
Porque lo acosamos herimos pisoteamos rematamos negamos olvidamos
Este amor íntegro
Tan vivo aún
Y soleado
Es el tuyo
Es el mío
Ese que ha sido
Ese algo siempre nuevo
Y que no ha cambiado
Tan verdadero como una planta
Tan tembloroso como un pájaro
Tan cálido tan vivo como el verano
Juntos podemos los dos
Ir y venir
Podemos olvidar
Y después volvernos a dormir
Despertarnos envejecer sufrir
Volvernos a dormir
Soñar con la muerte
Despertarnos sonreír y reír
Y rejuvenecer
Nuestro amor sigue allí
Empecinado como un borrico
Vivo como el deseo
Cruel como la memoria
Ridículo como los arrepentimientos
Tierno como los recuerdos
Frío como el mármol
Hermoso como el día
Frágil como un niño
Nuestro amor nos mira sonriendo
Nos habla sin decir nada
Y yo lo escucho tembloroso
Y grito
Grito por ti
Grito por mí
Te suplico
Por ti por mí por todos los que se aman
Y los que se han amado
Si le grito
Por ti por mí y por todos los demás
Que no conozco
Quédate
Allí donde estas
Donde estabas antes
Quédate
No te muevas
No te vayas
Nosotros los que somos amados
Te hemos olvidado
Pero tú no nos olvides
Sólo te teníamos a ti sobre la tierra
No dejes que nos volvamos fríos
Aunque sea cada vez desde más lejos
Y desde donde sea
Danos señales de vida
Mucho más tarde desde el rincón de un bosque
En la selva de la memoria
Surgiendo de repente

Tiéndenos la mano
Y sálvanos.