jueves, 24 de mayo de 2012

Poemas de Li Po (del 700 d.c.)

Sentado, solo, en la montaña Zhing Ting
Los pájaros han tornado a sus nidos en bandadas.
Perezosa, la última nube se aleja.
La montaña es mi única compañera.
Ni al uno ni al otro vernos nos cansa.

Paseo por el río blanco de Nanyan escalando la roca Shiji
Al despuntar la aurora,
vadeo el río Blanco
en el angosto cauce de su nacimiento.
Me alejo así por el momento
del mundo de los hombres.
Innumerables islas se visten
con los maravillosos colores
de la naturaleza.
El cielo y el río, ligados,
se ofrecen en un Inmenso espejo azul.
Mis ojos siguen las nubes, que,
una a una, se pierden en el mar.
Mis pensamientos, sosegados,
divagan como peces
que se deleitan en el agua.
Canto todo el día,
hasta la caída del sol.
Luego, en compañía de la luna,
retorno a mi cabaña.

Libación solitaria bajo la luna
Rodeado de flores, ante una jarra de vino
libo solo, sin compañera.
Alzo la copa, y convido a la luna.
Ella, mi sombra y yo, venimos a ser tres amigos.

Aunque la luna no puede beber,
y mi sombra en vano sigue a mi persona,
las tomo por transitorias compañías.
¡Divirtámonos, amigas, antes de que pase la primavera!

Canto, mientras la luna pasea.
Bailo, mientras mi sombra vacila.
Antes de mi embriaguez nos entretenemos juntos.
Y cuando estoy estoy ebrio, se deshace nuestra compañía.

¡Oh, luna! Serás mi inmortal amiga,
nos veremos a menudo, a través de la Vía Láctea.

Visita infructuosa a un taoísta de la montaña Dai Tien
En medio del murmullo del arroyo ladra un perro.
Tras la lluvia se abren con vigor flores de durazno.
En lo más hondo del bosque, corre uno que otro ciervo.
Y junto al agua, ya es mediodía, aún no oigo campanadas.
Cortinas de bambúes separan las densas nieblas,
y de la esmeralda cumbre pende una cascada.
Nadie sabe adónde ha ido el ermitaño.
Triste descanso, rescostado en un pino.

Contemplando la cascada de la montaña Lu Shan
El sol enciende el Incensario,
que exhala un vapor violáceo.
Lejos una cascada
cuelga de la montaña.
En un vertiginoso vuelo
rueda mil pies hacia abajo.
¿Estará la Vía Láctea cayendo
de lo más alto del cielo?

Estando en huésped
En las copas de jade brilla el ámbar;
es el licor de Lan Ling,
fragante como un tulipán.
Mi anfitrión insiste en embriagarme
para ahuyentar mis añoranzas del hogar.

Respondiendo desde la montaña
¿Por qué vivo en la montaña esmeralda? 
Callado sonrío, el corazón sereno.
Las flores de durazno que se lleva el arroyo 
me abren un mundo nuevo,
totalmente distinto del de los hombres.

("Prédica en las montañas
Si me preguntáis porqué vivo aquí
entre las verdes montañas,
reiré silenciosamente,
y cerraré mi corazón.
El capullo del melocotonero y
el agua silenciosa
me transportan a otro universo
más allá del mundo de los hombres".)

Despierto de la embriaguez en un día primaveral
La vida es un largo sueño.
¿Para qué abrumarla con fatigas?
Por eso, todo el día estoy ebrio.
Abatido, me acuesto
junto a una columna de la puerta.
Al despertar, miro más allá del patio,
y veo un ave que canta entre las flores.
La interpelo:
«¿ En qué estación del año estamos? ».
« ¡Vaya pregunta!
¿No ves que es la primavera
quien hace hablar, con su brisa,
a la oropéndola vagabunda? »
Conmovido, quiero arrancarme un suspiro. Mas prefiero volver a servirme vino.
Canto en voz alta, esperando la luna.
Al terminar, todo queda en el olvido.

Al pie de la montaña de los cinco pinos, en casa de la abuela Sun
Me alojo al pie de los Cinco Pinos,
solo, e incómodo.
La gente del campo
trabaja duro en otoño.
Azotada por el frío de la noche,
una doncella vecina
desgrana las semillas.
La abuela, arrodillada,
me ofrece una sopa de chouhu.
La luna alumbra el plato blanco, recordándome a la lavandera.
Le doy las gracias
una y otra vez,
mas no puedo quitarle su comida.

Llorando la desaparición de Ji, el buen destilador de vino
En el otro mundo,
el anciano Ji seguirá destilando su vino.
¿Pero a quién se lo venderá,
si Li Po no está allá?

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