sábado, 19 de abril de 2014

William Wordsworth II (Fragmentos)

...porqué los continuos flujos de sentimiento están modificados y dirigidos por nuestros pensamientos, que son en verdad las representaciones de todos nuestros sentimientos pasados; y, de la misma manera que contemplando la relación de estas representaciones generales entre sí descubrimos lo que es realmente importante para los hombres, con la repetición y continuidad de este acto nuestros sentimientos se vinculan con grandes temas, hasta que al fin, si estamos originalmente poseídos de mucha sensibilidad, tales hábitos mentales se producirán, de manera que, obedeciendo ciega y mecánicamente los impulsos de esos hábitos, describiremos objetos, y expresaremos sentimientos, de una naturaleza y de una relación tal entre sí que el entendimiento del Lector necesariamente debe ser iluminado en algún grado, y en sus afectos reforzado y purificado.

          La poesía es la imagen del hombre y de la naturaleza.

Cuán exquisitamente la mente individual
(y quizás no menos los poderes progresivos
de la especie entera) se ajusta al mundo externo:
-y cuán exquisitamente también-
tema éste poco oído entre los hombres-
el mundo externo se ajusta a la mente.

… Así que sigo siendo
un enamorado de las riberas y los bosques
y de las montañas; y de todo cuanto contemplamos
desde esta tierra verde; y todo el mundo poderoso
de la vista y del oído –de lo que crean a medias,
y a medias perciben…

… de la naturaleza viene la emoción, y los estados
de quietud igualmente son don suyo.

Una presencia que me agita con la alegría
de pensamientos elevados; un sentido sublime
de algo que está aún más profundamente entrelazado,
que habita en la luz del sol poniente,
y en torno al océano y al aire vivo,
y al cielo azul, y en el pensamiento del hombre:
un movimiento y un espíritu que impulsa
a cuantas cosas piensan, a todos los objetos del todo pensamiento,
y se desliza a través de todo.

No hay tal cosa como un saber puramente discursivo,
y el mal de nuestro tiempo no es la ausencia de participación
sino el rechazo obstinado de que exista –el rechazo del cuerpo
y de su rol en nuestra cognición de la realidad.

Porque, como aquél que nunca ha conocido la enfermedad no puede valorar correctamente la salud, ni sentir la bendición de la calma aquél que ha sido en su vida ajeno al dolor, así no puede haber un amor a la verdad apasionada e inveterada (vieja, antigua) para ése quien no ha experimentado la falsedad del error.

Que el sujeto al que color e imagen son inherentes no es el objeto o cosa vista. No hay nada fuera de nosotros (realmente) que podamos llamar imagen o color. Que dicha imagen y color es sino una aparición en nosotros del movimiento, agitación o alteración que el objeto obra en el cerebro, espíritus, o alguna sustancia interna de la cabeza. Que como en la visión, así también en las concepciones que surgen de los otros sentidos, el sujeto a las que son inherentes no es el objeto, sino el sujeto sensible.

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