jueves, 20 de noviembre de 2014

Negro el 10 - Julio Cortázar

EMPIEZA por no ser. Por ser no. El Caos es negro.
Como es negra la nada.

NACE la claridad, su gallo triza el cielo,
se esponjan los colores vanidosos.

Pero el negro se ahínca primigenio. Toda luz
en el carbón se abisma, en el basalto.
                                         Tes pysiciens appellent corps noirs ous eux qui
absorbent intégralement les radiations reÇues.
E.U.
PARA mejor lanzarlos al asalto
del día. (Goya pudo decirlo.)

SOCAVÓN en la sangre, en la memoria,
lo negro sube a la palabra, es la tormenta
rabiosa de los odios y los celos:
Othelo el blackmoor, el moro negro
siempre, para el lívido Yago.

PADRE profundo, pez abisar de los orígenes,
retorno a qué comienzo,
estigia contra el sol, y sus espejos,
término de los cambios,
última estela de las mutaciones,  

palabra del silencio.

SU PALACIO nocturno: el sueño, el párpado
sedosa guillotina del diurno pavorreal
para que sólo las similitudes
desplieguen sus tapices de morado, de púrpura y de óxidos,
harem del negro, esperma de los sueños.

SE DIRÍA que le gusta que lo aplanen, lo espatulen, lo tiendan en las lisas superficies, como se hace aquí. Se diría que ama ser el trampolín desde donde saltan los colores, su callado sostén. Todo es más contra el negro, todo es menos cuando falta.

CEDES a estas metamorfosis que una mano enamorada cumple en ti, te llenas de ritmos, hendiduras, te vuelves tablero, reloj de luna, muralla de aspilleras abiertas a lo que se acecha siempre del otro lado, máquina de contar cifras fuera de las cifras, astrolabio y portulano para tierras nunca abordadas, mar petrificado en el que resbala el pez de la mirada.

CABALLO negro de las pesadillas, hacha del sacrificio, tinta de la palabra escrita, pulmón del que diseña, serigrafía de la noche, negro el diez: ruleta de la muerte, que se juega viviendo.
TU SOMBRA espera tras de toda luz.

Casi nadie va a sacarlo de sus casillas - Julio Cortázar

El caballo relincha, el perro ladra,
la suma de los ángulos de un triángulo
es igual a dos rectos,
la sopa, la conciencia, el alcaucil, después
del dos el tres, después del hoy, mañana,
casi nadie lo sacará de sus casillas.
Casi nadie ni nada, porque
¿Cómo tomar en serio esos latidos
en que el sueño es acceso, esas miradas
de insoportable lucidez en un tranvía,
eso que ahora dice: Huye,
pero al final, al fin y al cabo, no era más
que un gajo de naranja
reventando en la boca?
¿Cómo tomar en serio que una puerta
dé a la tristeza cuando el arquitecto
la abre al pasillo, que unos senos
dibujen paralelos sus jardines
cuando es la hora de ir a la oficina?
Imposible negar las evidencias
dice el doctor y dice bien, inútil
sacar de sus casillas al honesto almanaque,
San Rulfo, Santa Tecla, San Fermín,
La Asunción,
el caballo relincha, el perro ladra,
casi nadie le ofrece en una esquina
un pedacito suelto de bicicleta o trompo,
casi nunca es verano en pleno invierno
por razones de estricta pulimentada lógica,
hay que ser lo que es o no ser nada, 
y nada lo sacará de sus casillas, 
nadie lo sacará, 
y si un caballo ladra
no lo sabremos nunca, porque
los caballos no ladran.
Bastaría un apenas, un no quiero,
para empezar de otra manera el día,
hervir la radio con las papas
y a cada chico darle un cocodrilo
para que huela a miedo en las escuelas,
sacar los muertos a que tomen aire,
meter las mitras en la mayonesa,
actividades subversivas, claro,
pero otras cosas hay: fusiles
corren por las picadas, Sudamérica
crece en su selva hacia la aurora,
de tanto arroz bañado en sangre
nacerá otra manera de ser hombre.
No cito más que apenas estas cosas,
saco de sus casillas a unos cuantos
que todavía creen en la poesía
encasillada en su vocabulario
lleno de compromisos con lo abstracto.
(La suma de los ángulos de un triángulo).
((Los caballos no ladran)).
(((Dice el doctor, y dice bien))).

domingo, 9 de noviembre de 2014

Poemas de Jorge Luis Borges

Juan, I, 14
No será menos un enigma esta hoja
que las de Mis libros sagrados
ni aquellas otras que repiten
las bocas ignorantes,
creyéndolas de un hombre, 
no espejos oscuros del Espíritu.
Yo que soy el Es, el Fue y el Será,
vuelvo a condescender al lenguaje,
que es tiempo sucesivo y emblema.
Quien juega con un niño juega con algo
cercano y misterioso;
yo quise jugar con Mis hijos.
Estuve entre ellos con asombro y ternura.
Por obra de una magia
nací curiosamente de un vientre.
Viví hechizado, encarcelado en un cuerpo
y en la humildad de un alma.
Conocí la memoria,
esa moneda que no es nunca la misma.
Conocí la esperanza y el temor,
esos dos rostros del incierto futuro.
Conocí la vigilia, el sueño, los sueños,
la ignorancia, la carne,
los torpes laberintos de la razón,
la amistad de los hombres,
la misteriosa devoción de los perros.
Fui amado, comprendido, alabado y pendí de una cruz.
Bebí la copa hasta las heces.
Vi por Mis ojos lo que nunca había visto:
la noche y sus estrellas.
Conocí lo pulido, lo arenoso, lo desparejo, lo áspero,
el sabor de la miel y de la manzana,
el agua en la garganta de la sed,
el peso de un metal en la palma,
la voz humana, el rumor de unos pasos sobre la hierba,
el olor de la lluvia en Galilea,
el alto grito de los pájaros.
Conocí también la amargura.
He encomendado esta escritura a un hombre cualquiera;
no será nunca lo que quiero decir,
no dejará de ser su reflejo.
Desde Mi eternidad caen estos signos.
Que otro, no el que es ahora su amanuense, escriba el poema.
Mañana seré un tigre entre los tigres
y predicaré Mi ley a su selva,
o un gran árbol en Asia.
A veces pienso con nostalgia
en el olor de esa carpintería.

Heráclito
El segundo crepúsculo.
La noche que se ahonda en el sueño.
La purificación y el olvido.
El primer crepúsculo.
La mañana que ha sido el alba.
El día que fue la mañana.
El día numeroso que será la tarde gastada.
El segundo crepúsculo.
Ese otro hábito del tiempo, la noche.
La purificación y el olvido.
El primer crepúsculo...
El alba sigilosa y en el alba
la zozobra del griego.
¿Qué trama es ésta
del será, del es y del fue?
¿Qué río es éste
por el cual corre el Ganges?
¿Qué río es éste cuya fuente es inconcebible?
¿Qué río es éste
que arrastra mitologías y espadas?
Es inútil que duerma.
Corre en el sueño, en el desierto, en un sótano.
El río me arrebata y soy ese río.
De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo.
Acaso el manantial está en mí.
Acaso de mi sombra
surgen, fatales e ilusorios, los días.

Fragmentos de Cambridge
Pienso (ya lo he pensado)
que en este invierno están los antiguos inviernos
de quienes dejaron escrito
que el camino está prefijado
y que ya somos del Amor o del Fuego.
(...)
Nadie en las calles, pero no es un domingo.
No es un lunes,
el día que nos depara la ilusión de empezar.
No es un martes,
el día que preside el planeta rojo.
No es un miércoles,
el día de aquel dios de los laberintos
que en el Norte fue Odín.
No es jueves,
el día que ya se resigna al domingo.
No es un viernes,
el día regido por la divinidad que en las selvas
entreteje los cuerpos de los amantes.
No es un sábado.
No está en el tiempo sucesivo
sino en los reinos espectrales de la memoria.
Como en los sueños
detrás de las altas puertas no hay nada,
ni siquiera el vacío.
Como en los sueños,
detrás del rostro que nos mira no hay nadie.
Anverso sin reverso.

The Unending Gift
Un pintor nos prometió un cuadro. Ahora, en New England, sé que ha muerto. Sentí, como otras veces, la tristeza de comprender que somos como un sueño. Pensé en el hombre y en el cuadro perdidos. (Sólo los dioses pueden prometer, porque son inmortales). Pensé en un lugar prefijado que la tela no ocupará. Pensé después: si estuviera ahí, sería con el tiempo una cosa más, una cosa, una de las vanidades o hábitos de la casa; ahora es ilimitada, incesante, capaz de cualquier forma y cualquier color y no atada a ninguno. Existe de algún modo. Vivirá y crecerá como una música y estará conmigo hasta el fin. Gracias, Jorge Larco. (También los hombres pueden prometer, porque en la promesa hay algo inmortal.)

Laberinto
No habrá nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
y no tiene ni anverso ni reverso
ni externo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor de tu camino
que tercamente se bifurca en otro,
que tercamente se bifurca en otro,
tendrá fin. 
Es de hierro tu destino como tu juez. 
No aguardes la embestida del toro 
que es un hombre y cuya extraña
forma plural da horror a la maraña
de interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
en el negro crepúsculo la fiera.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Canción de Gautama - Julio Cortázar (Fragmento)

"...El hombre que medita al pie
de un árbol que será su signo
sabe que el paso del mendigo
contiene ya el paso del Rey..."

Apología - Oscar Wilde

¿Es tu voluntad que yo crezca y decline?
Trueca mi paño de oro por la gris estameña
y teje a tu antojo esa tela de angustia
cuya hebra más brillante es día malgastado.

¿Es tu voluntad -Amor que tanto amo-
que la Casa de mi Alma sea lugar atormentado
donde deban morar, cual malvados amantes,
la llama inextinguible y el gusano inmortal?

Si tal es tu voluntad la he de sobrellevar
y venderé ambición en el mercado,
y dejaré que el gris fracaso sea mi pelaje
y que en mi corazón cave el dolor su tumba.

Tal vez sea mejor así -al menos
no hice de mi corazón algo de piedra,
ni privé a mi juventud de su pródigo festín,
ni caminé donde lo bello es ignorado.

Fragmento de El sistema del mundo - Neal Stephenson

Daniel rechazó el tabaco con un gesto de la mano.
—Un día la hierba india matará más hombres blancos que indios han matado los hombres blancos.
—Pero no hoy —dijo Newcomen.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Versículos del génesis - José Manuel Caballero Bonald!

Por las ventanas, por los ojos
de cerraduras y raíces,
por orificios y rendijas
y por debajo de las puertas,
entra la noche.

Entra la noche como un trueno
por los rompientes de la vida,
recorre salas de hospitales,
habitaciones de prostíbulos,
templos, alcobas, celdas, chozas,
y en los rincones de la boca
entra también la noche.

Entra la noche como un bulto
de mar vacío y de caverna,
se va esparciendo por los bordes
del alcohol y del insomnio,
lame las manos del enfermo
y el corazón de los cautivos, 
y en la blancura de las páginas 
entra también la noche.

Entra la noche como un vértigo
por la ciudad desprevenida,
rasga las sábanas más tristes,
repta detrás de los cobardes,
ciega la cal y los cuchillos
y en el fragor de las palabras
entra también la noche.

Entra la noche como un grito
por el silencio de los muros,
propaga espantos y vigilias,
late en lo hondo de las piedras,
abre los últimos boquetes
entre los cuerpos que se aman,
y en el papel emborronado
entra también la noche.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Tierra de atrás, literalmente. - Julio Cortázar!

Todo vino siempre de la noche, 
background inescapable, 
madre de mis criaturas diurnas. 
Mi solo psicoanálisis posible 
debería cumplirse en la oscuridad, 
entre las dos y las cuatro de la madrugada 
hora impensable para los especialistas.
Pero yo sí, yo puedo hacerlo a mediodía 
y exorcizar a pleno sol los íncubos, 
de la única manera eficaz: diciéndolos.
 
Curioso que para decir los íncubos 
haya tenido que acallarlos a la hora 
en que vienen al teatro del insomnio.
Otras leyes rigen la inmensa casa de aire negro, 
las fiestas de larvas y empusas, 
los cómplices de una memoria acorralada 
por la luz y los reclamos del día 
y que sólo vuelca sus terciopelos manchados de moho 
en el escenario de la duermevela. 
Pasivo, espectador atado a su butaca de sábanas y almohadas, 
incapaz de toda voluntad de rechazo o de asimilación, 
de palabra fijadora. 
Pero después será el día, cámara clara. 
Después podremos revelar y fijar. 
No ya lo mismo, pero la fotografía de la escritura 
es como la fotografía de las cosas: 
siempre algo diferente para así, a veces, ser lo mismo.
 
Presencia, ocurrencia de mi mándala en las altas noches
desnudas, las noches desolladas, allí donde otras veces 
conté corderitos o recorrí escaleras de cifras, 
de múltiplos y décadas y palíndromas y acrósticos, 
huésped involuntario de las noches que se niegan a estar solas. 
Manos de inevitable rumbo me han hecho entrar en torbellinos de tiempo, 
de caras, en el baile de muertos y vivos confundiéndose 
en una misma fiebre fría mientras lacayos invisibles 
dan paso a nuevas máscaras y guardan las puertas contra el sueño,
contra el único enemigo eficaz de la noche triunfante.
 
Luché, claro, nadie se entrega así sin apelar a las armas del olvido, 
a estúpidos corderos saltando una valla, 
números de cuatro cifras que disminuirán de siete en siete
hasta llegar a cero o recomenzarán si la cuenta no es justa.
Quizá vencí alguna vez o la noche fue magnánima; 
casi siempre tuve que abrir los ojos a la ceniza de un amanecer,
buscar una bata fría y ver llegar la fatiga anterior a todo esfuerzo, 
el sabor a pizarra de un día interminable. 
No sé vivir sin cansancio, sin dormir; 
no sé por qué la noche odia mi sueño y lo combate, 
murciélagos afrontados sobre mi cuerpo desnudo. 
He inventado cientos de recursos mnemotécnicos,
las farmacias me conocen demasiado y también el Chivas Regal. 
Tal vez no merecía mi mándala, tal vez por eso tardó en llegar. 
No lo busqué jamás, cómo bus-car otro vacío en el vacío; 
no fue parte de mis lúgubres juegos de defensa, 
vino como vienen los pájaros a una ventana, 
una noche estuvo ahí y hubo una pausa irónica, 
un decirme que entre dos figuras de exhumación o nostalgia se interponía
una amable construcción geométrica, otro recuerdo por una vez inofensivo, 
diagrama regresando de viejas lecturas místicas, 
de grimorios medievales, de un tantrismo de aficionado, 
de alguna alfombra iniciática vista en los mercados de Jaipur o de Benarés. 
Cuántas veces rostros limados por el tiempo 
o habitaciones de una breve felicidad de infancia 
se habían dado por un instante, 
reconstruidos en el escenario fosforescente de los ojos cerrados, 
para ceder paso a cualquier construcción geométrica nacida 
de esas luces inciertas que giran su verde o su púrpura 
antes de ceder paso a una nueva invención de esa nada 
siempre más tangible que la vaga penumbra en la ventana. 
No lo rechacé como rechazaba tantas caras, 
tantos cuerpos que me devolvían a la rememoración o a la culpa, 
a veces a la dicha todavía más penosa en su imposibilidad. 
Le dejé estar, en la caja morada de mis ojos cerrados lo vi muy cerca, 
inmóvil en su forma definida, 
no lo reconocí como reconocía tantas formas del recuerdo, 
tantos recuerdos de formas, 
no hice nada por alejarlo con un brusco aletazo de los párpados, 
un giro en la cama buscando una región más fresca de la almohada. 
Lo dejé estar aunque hubiera podido destruirlo, 
lo miré como ni miraba las otras criaturas de la noche, 
le di acaso una sustancia primera, 
una urdimbre diferente o creí darle lo que ya tenía; 
algo indecible lo tendió ante mí como una fábrica diferente, 
un hijo de mi enemiga y a la vez mío, un telón musgoso 
entre las fiestas sepulcrales y su recurrente testigo.
Desde esa noche mi mándala acude a mi llamado 
apenas se encienden las primeras luces de la farándula, 
y aunque el sueño no venga con él 
y su presencia dure un tiempo que no sabría medir, 
detrás queda la noche desnuda y rabiosa
mordiendo en esa tela invulnerable, luchando por rasgarla 
poner de este lado los primeros visitantes, los previsibles 
por eso más horribles secuencias de la dicha muerta, 
de un árbol en flor en el atardecer de un verano argentino, 
de la sonrisa de una mujer que vive una vida 
ya para siempre vedada a mi ternura, 
de un muerto que jugó conmigo 
sus últimos juegos de cartas sobre una sábana de hospital.
 
Mi mándala es eso, un simplísimo mándala que nace 
acaso
de una combinación imaginaria de elementos, 
tiene la forma ovalada del recinto de mis ojos cerrados, 
lo cubre sin dejar espacios, 
en un primer plano vertical que reposa mi visión.
Ni siquiera su fondo se distingue del color 
entre morado y púrpura 
que fue siempre el color del insomnio, 
el teatro de los desentierros y las autopsias de la memoria; 
se lo diría de un terciopelo mate en el que se inscriben 
dos triángulos entrecruzados como en tanto pentáculo de hechicería. 
En el rombo que define la oposición de sus líneas anaranjadas 
hay un ojo que me mira sin mirarme, 
nunca he tenido que devolverle la mirada 
aunque su pupila esté clavada en mí; 
un ojo como el Udyat de los egipcios, 
el iris intensamente verde y la pupila blanca como yeso, 
sin pestañas ni párpados, perfectamente plano, trazado sobre la tela viva 
por un pincel que no pretende la imitación de un ojo. 
Puedo distraerme, mirar hacia la ventana 
o buscar el vaso de agua en la penumbra; 
puedo alejar a mi mándala con una simple flexión de la voluntad, 
o convocar una imagen elegida por mí contra la voluntad de la noche; 
me bastará la primera señal del contraataque, 
el deslizamiento de lo elegido hacia lo impuesto 
para que mi mándala vuelva a tenderse entre el asedio de la noche 
y mi recinto invulnerable. 
Nos quedaremos así, seremos eso, 
y el sueño llegará desde su puerta invisible, 
borrándonos en ese instante que nadie ha podido nunca conocer.
 
Es entonces cuando empezará la verdadera sumersión, 
la que acato porque la sé de veras mía 
y no el turbio producto de la fatiga diurna y del eyo. 
Mi mándala separa la servidumbre de la revelación, 
la duermevela revanchista de los mensajes raigales. 
La noche onírica es mi verdadera noche; como en el insomnio, 
nada puedo hacer para impedir ese flujo que invade y somete, 
pero los sueños sueños son, sin que la conciencia pueda escogerlos, 
mientras que la parafernalia del insomnio juega turbiamente 
con las culpabilidades de la vigilia, 
las propone en una interminable ceremonia masoquista. 
Mi mándala separa las torpezas del insomnio 
del puro territorio que tiende sus puentes de contacto; 
y si lo llamo mándala es por eso, 
porque toda entrega a un mándala 
abre paso a una totalidad sin mediaciones, 
nos entrega a nosotros mismos, 
nos devuelve a lo que no alcanzamos a ser antes o después. 
Sé que los sueños pueden traerme el horror como la delicia, 
llevarme al descubrimiento o extraviarme en un laberinto sin término;
pero también sé que soy lo que sueño y que sueño lo que soy.
Despierto, sólo me conozco a medias, 
y el insomnio juega turbiamente con ese conocimiento envuelto en ilusiones; 
mi mándala me ayuda a caer en mí mismo, 
a colgar la conciencia allí donde colgué mi ropa al acostarme.
 
Si hablo de eso es porque al despertar arrastro conmigo
jirones de sueños pidiendo escritura, 
y porque desde siempre he sabido que esa escritura 
-poemas, cuentos, novelas- 
era la sola fijación que me ha sido dada para no disolverme 
en ése que bebe su café matinal y sale a la calle 
para empezar un nuevo día. 
Nada tengo en contra de mi vida diurna, 
pero no es por ella que escribo. 
Desde muy temprano pasé de la escritura a la vida, 
del sueño a la vigilia. 
La vida aprovisiona los sueños 
pero los sueños devuelven 
la moneda profunda de la vida. 
En todo caso así es como siempre busqué o acepté 
hacer frente a mi trabajo diurno de escritura, 
de fijación que es también reconstitución. 
Así ha ido naciendo todo esto.
 
Sí, y más atrás, siempre, lo que nadie habrá dicho mejor
que Ricardo E. Molinari en Analecta:
 
Mi cuerpo ha amado el viento 
y unos días hermosos de Sudamérica.
Dónde andarán con sus pies mordidos, 
con mi cara sola. (Los días mueren en el cielo,
como los peces sedientos, igual que la piel gris 
sobre los seres, sobre la boca que se destruyó amando).
 
Dónde andará mi cara, aquella otra, que alguien tuvo
entre sus manos mirándola como a un río asustado.
 
Mi cuerpo ha querido su sangre y mi alma ha visitado
algunos muertos,
igual que a una fuente, donde a veces llega la tarde

con un lirio.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Fragmento de El arco iris de D. H. Lawrence

Significó la entrada en otro círculo de existencia, fue el bautismo para una nueva vida, fue la confirmación total. Sus pies hollaron un terreno de conocimientos desconocidos, sus pasos fueron iluminados por el descubrimiento. Caminaban alegres y olvidadizos. Todo estaba perdido, y todo había sido encontrado. Descubrieron un mundo nuevo; ahora sólo faltaba explorarlo.
Habían cruzado el umbral de un espacio ulterior, donde el movimiento era tan grande que contenía vínculos y represiones y trabajos y, sin embargo, era la libertad absoluta. Ella era el umbral para él, y él para ella. Al fin habían abierto las puertas, cada uno de ellos para el otro, y hecho una pausa en el umbral para quedarse frente a frente, mientras un chorro de luz iluminaba sus dos rostros; era la transfiguración, la glorificación, la admisión.
Y la luz de la transfiguración continuó ardiendo en sus corazones para siempre. Él seguía su camino, como antes, y ella seguía el suyo: ante los ojos del mundo no hubo cambio aparente. Pero para cada uno de ellos estaba el perpetuo milagro de la transfiguración.
Él no la conocía mejor, ni con más precisión, ahora que la conocía completamente.
(…)
Los días continuaban como antes, Brangwen acudía a su trabajo, su esposa amamantaba al niño y cuidaba en cierta medida de la granja. No pensaban el uno en el otro, ¿por qué habían de hacerlo? Pero cuando ella le tocaba, él la conocía instantáneamente, y la tenía cerca, muy cerca, y sabía que ella era el umbral de todas las cosas, que estaba más allá, y que él viajaba con ella a través del más allá. ¿Hacia dónde? ¿Acaso importaba? Respondía siempre. 

jueves, 28 de agosto de 2014

Reflexión/Poema? de Victoria Ocampo

Los años me han enseñado
que no se convence más
que a los convencidos.
Pretender apartar a las gentes
de sus gustos,
de sus inclinaciones naturales,
para acercarlas a nosotros,
es tan estéril como renegar
de nosotros mismos
para borrar la distancia
que nos separa
de tal o cual ser.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Poema de Roberto Juarroz!

En una noche que debió ser de lluvia
o en el muelle de un puerto tal vez inexistente
o en una tarde clara, sentado a una mesa sin nadie,
se me cayó una parte mía.
No ha dejado ningún hueco.
Es más: pareciera algo que ha llegado
y no algo que se ha ido.
Pero ahora,
en las noches sin lluvia,
en las ciudades sin muelles,
en las mesas sin tardes,
me siento de repente mucho más solo
y no me animo a palparme,
aunque todo parezca estar en su sitio,
quizá todavía un poco más que antes.
Y sospecho que hubiera sido preferible
quedarme en aquella perdida parte mía
y no en este casi todo
que aún sigue sin caer.

jueves, 7 de agosto de 2014

Trenzaré mi tristeza - Paola Klug

Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los haría llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas,  que no se meta entre tus manos- me decía-  porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo. Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar cuando el viento del norte pegue con fuerza.

Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole.

Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña, aun si tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada por los canales que la luna ha trazado entre tu cuerpo. Trenza tu tristeza, decía, siempre trenza tu tristeza…

Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello.

miércoles, 6 de agosto de 2014

El paso del Noroeste - Michel Serres (Fragmentos I)

El nuevo Zenón
De repente, la montaña se volvía cercana al átomo, y la rosa de los vientos al ángulo menudo, la cresa se arrastraba algunos angströms sobre calzas de gigante, el cabo duro se constelaba con el rocío escarchado de la ola. Los órdenes ya no estaban en orden, los órdenes de magnitud ya no estaban ordenados, y tampoco los géneros de formas: la pequeña roca de Polifemo, el islote de Pantelleria, la gran isla de Sicilia y el continente italiano son echados a la suerte por Neptuno, no están alineados como las Pirámides, a la sombra de Tales.
Este desorden introducido en la similitud producía sencillamente el estado del hábito y de lo acostumbrado. El espacio de la razón ya no decía no al espacio de la vida y de las cosas mismas. Zenón no renuncia de ningún modo a la razón en la profusión alocada de lo concreto, aprende que la razón es un caso singular en un sorteo, una singularidad entre otras. Los recorridos anteriores son pobres y particulares respecto a este último, el fiel y el afortunado.
Entonces sonríe, suavemente: quizá esté lejos de mi destino, no importa, dice. Pero creo que ya no estoy tan alejado de lo real; no lo repita usted.
El nuevo Zenón, de París o de Londres, llamaba a su método randonnée dado que un viejo término de caza, randon, había generado dos parientes cercanos y sin embargo divergentes: el francés randonnée, excursión a pie, y el inglés random, el azar, la suerte...
El paso del Noroeste

El paso del Noroeste hace comunicar el océano Atlántico con el Pacifico, por los fríos parajes del gran norte canadiense.
Se abre, se cierra, se tuerce a través del inmenso archipiélago ártico fractal, a lo largo de un dédalo alocadamente complicado de golfos y canales, cuencas y estrechos, entre la Tierra de Baffin y la Tierra de Banks. Aleatoria distribución y fuertes coerciones regulares, el desorden y las leyes. Usted lo emboca en el estrecho de Davis, acaba en el mar de Beaufort. De allí, corre por el norte de Alaska hacia las Aleurianas. Alivio, desemboca en el nombre de la paz.

En las antiguas, iba a decir clásicas, clasificaciones de las ciencias, el estado de este pasaje no se describe de ese modo. Se diría que no plantea problema. Y, de hecho, a primera vista, no tendría por qué. Vivimos y pensamos tanto de colectividad como de mundo, el equilibrio de los planetas es la condición de nuestra supervivencia como lo es nuestro entorno humano, necesitamos tanto del lenguaje como del oxígeno. Así pues, las ciencias humanas siguen, en la lista o en el tiempo, a las ciencias exactas, siguen o preceden, esto no importa, siguen, preceden, o se yuxtaponen, en suma, donde sea que estén unas respecto a otras, se encuentran en el mismo espacio y mantienen relaciones sencillas. Esto es bastante cierto, pero no del todo.
Decir que en cada uno de los niveles el juego cambia de reglas bastaría, siempre y cuando el nivel no fuera una regla. Sí, cuando el juego cambia de regla, el propio nivel cambia y se pierde.
El cálculo se funda en la idea muy sencilla de que existe un camino de lo local a lo global. Este camino se prolonga, de proximidad en proximidad, las más de las veces es abierto. Esta es la idea no dicha de los clásicos, hasta los románticos incluidos, ésta es la idea que terminó siendo explicitada y luego puesta en tela de juicio. Hemos terminado por pensar que esta prolongación no es, las más de las veces, posible.

Lo que nos separa de nuestros predecesores se resume en parte en eso y es sencillo. Existe un camino, o no existe. Y si existe, no es cosa temporal, debida a nuestras negligencias o incapacidades; sabemos demostrar su inexistencia. Un día, quizá, tendremos que pensar que Newton tuvo suerte en poder establecer una regla universal, pasar de la caída de los cuerpos a la circulación de los planetas, es decir pasar de lo local a lo global, porque se encontró dos veces con un caso de armonía, cálculo y fenómeno. Esta suerte no se da todos los días. Lo que solemos denominar razón, racionalidad, no es, quizá, otra cosa que un caso raro. Lo racional sería un islote inmerso en lo real. Ya lo he dicho y volveré sobre ello.

Está lo local y está lo global, uno está incluido en el otro y se distribuye en él. Ciertamente existe un camino que conduce de un saber a otro, y de un saber a todos los saberes, o a la totalidad del saber. Se trata, en efecto, a la ciencia como la ciencia aprende a tratar el mundo.

Aquí el espacio es continuo, allí desgarrado, como la hoja de papel, no siempre es seguro que exista un camino que atraviese los Pirineos o el río, para conectar la verdad de uno mismo a uno mismo, o que vaya más allá de la burla que la elocuencia verdadera muestra respecto de la elocuencia.

Hablo con muchas voces: del método para conducir bien su pensamiento, de la técnica rigurosa, aunque un poco vaga todavía, del cálculo, del tratamiento por él de las cosas del mundo, mecánico o físico, de la escala de los seres, que resulta de este tratamiento, de los estados de cosas, de la scala entium y de la scala intellectus, de la escala del entendimiento o del espacio del saber. Es cierto que las decisiones se toman de golpe. El espacio es jerárquico, es homogéneo o macizo, a jirones, cualquiera que sea el espacio del que se hable. Y el camino pasa o se pierde, en el método, el cálculo, el mundo, el saber, las clasificaciones. No soy yo el que habla con varias voces únicamente, todos mis predecesores han seguido esta vía unitaria.

La desgracia vino, en esta vía filosófica, de la necia simplificación de una cuestión en la que se manifestó la
exuberancia barroca. Se simplifica, en general, mediante una elección forzada: continuo o discontinuo, análisis o síntesis, excluyéndose el tercio. Dios o diablo, sí o no, conmigo o contra mí, entre dos cosas una sola. Ahora bien, la complejidad asoma por el lado de lo real, en tanto que el dualismo incita a la batalla en que muere el pensamiento nuevo, en que desaparece el objeto. El dualismo sirve para definir propiamente las almenas en las que se instalan, por mucho tiempo en equilibrio, combatientes carentes de coraje. Uno lucha para no trabajar, al no luchar trabaja. La búsqueda desaparece en provecho del reparto en escuelas, en sectas, en grupos de presión, el espacio del problema desaparece bajo la bulliciosa cuadriculación de los ocupantes. La clasificación, del latín classis, cuerpo de ejército, también es el resultado de la relación de fuerzas, tiene mucha relación con la lucha y muy poca con la apuesta, o mucha con la apuesta y muy poca con el objeto. La simplificación procede de la lucha. Debería inyectarse paz para ver un poco más claro, abandonar el espacio del combate, donde se levanta la polvareda, para tener visibilidad. La razón por la que el inventor siempre parece llegar de afuera es que adentro la barahúnda de la lucha cubre, con su continuo ruido de fondo, los mensajes pertinentes, es que el adentro mismo está estructurado por aquel ruido. Aquí dentro se cree que el ruido de batalla es el mensaje sobre el objeto. Es el error cotidiano y común. Es el más implacable freno de la historia y del progreso. El verdadero conservador es aquel que lucha, ya que siempre se lucha del mismo modo. El inventor no es inventor porque es de afuera: esta idea aún es de odio, pertenece a los que creen que existe un adentro, y por lo tanto un afuera; no, es inventor porque todo el espacio está siempre ya tomado, almena por almena, como se suele decir, milímetro por milímetro. No ha tenido lugar donde colocar su cabeza y dormir, como duermen los perezosos. Tiene pues que inventar, si quiere sobrevivir, e inventar también un espacio nuevo por completo, sin relación alguna con el viejo espacio tontamente repartido. Tiene que crear para vivir, pues vive en la vecindad de la muerte. No, no es el héroe de lo negativo, dragón con lanza y coraza, pico y uñas. Es el heraldo de un espacio en otra parte. Lo positivo y lo negativo son los mismos, gemelos. El inventor está en otra parte, hace otra parte. En la vecindad del ruido, del caos, del desorden mortal, donde se alza lo nuevo. El ruido de la batalla mantiene el espacio, sin solución, de Oriente a Occidente, nada nuevo bajo el sol de la discordia, exterior como interior. Venecia y México fueron fundadas por fugitivos expulsados de espacios vivibles hacia pantanos, alturas, hondonadas mortales.

La desgracia vino de la simplificación por las armas. Es de este artefacto social del que hay que desconfiar, si uno quiere pensar. Los demás prejuicios son de poco peso frente a este monstruoso animal de necedad. Sí, la lucha es nuestra primera costumbre, aplasta nuestro despertar intelectual. Sí, el pensamiento no tiene otro bloqueo que el odio. La desgracia del pensamiento siempre procede de él, comparado con él, sólo existen pequeñas desgracias.

miércoles, 23 de julio de 2014

"No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, 
para darte cuenta de cuánto has cambiado tú" 
                                                                Nelson Mandela
Desnuda al sol, duermete
Anhela el alma, es barata
Lección aprendida, deseame suerte
Alivia el ardor, despiertame (wake me up!!!)

Como la siempreviva - Roque Dalton!

Mi poesía
es como la siempreviva
paga su precio
a la existencia
en término de asperidad.

Entre las piedras y el fuego,
frente a la tempestad
o en medio de la sequía,
por sobre las banderas
del odio necesario
y el hermosísimo empuje
de la cólera,
la flor de mi poesía busca siempre
el aire,
el humus,
la savia,
el sol,
de la ternura.

"Otra jugarreta de la locura
y perdería mi puesto de centinela formidable
cayendo como la lengua de un ahorcado
hasta una jaula de lobos frágiles".

La Invitación de Oriah Mountain Dreamer o Khalil Gibran!

No me interesa saber a que te dedicas,
quiero saber qué es lo que añoras
y si te atreves a soñar o alcanzar
lo que tu corazón más ansía.

No me interesa saber qué edad tienes,
quiero saber si te arriesgarás
a parecer un loco por amor,
por tus sueños, 
por la aventura de estar vivo.

No me interesa saber que planetas 
están cuadrando tu luna,
quiero saber si has tocado 
el centro de tu propia pena,
si has estado abierto 
a las traiciones de la vida
o te has vuelto marchito 
y cerrado por miedo a más dolor.

Quiero saber si te puedes sentar con dolor, 
tuyo o mío,
sin moverte para esconderlo, 
diluirlo o arreglarlo.

Quiero saber si puedes estar con alegría,
tuya o mía,
y si puedes danzar libremente 
y dejar que el éxtasis te llene 
hasta las puntas de los dedos 
de tus manos y de los pies,
sin advertirnos de ser cuidadosos, 
ser realistas o recordar 
las limitaciones del ser humano.

No me interesa si la historia 
que me estás contando es verdad, 
quiero saber si puedes desilusionar a otros
por ser sincero contigo mismo,
si puedes resistir la acusación de traición 
y no traicionar a tu propia alma.

Quiero saber si puedes ser fiel 
y por lo tanto confiable.
Quiero saber si puedes ver belleza
 hasta en los días feos,
y si puedes nutrir tu vida 
desde la presencia de Dios.
Quiero saber si puedes vivir
con fallos tuyos y míos
y todavía pararte en la orilla del lago 
y gritar a la luna llena plateada...! Si!

No me interesa saber dónde vives, 
ni cuánto dinero tienes.
Quiero saber si te puedes parar 
después de una noche de pena 
y desesperación,
débil y moreteado hasta los huesos,
y hacer lo que necesita estar hecho para los niños.

No me interesa saber quien eres, 
ni porqué estás aquí.
Quiero saber si puedes estar 
en el centro del fuego conmigo 
sin encogerte.

No me interesa dónde, qué, 
o con quién has estudiado,
quiero saber si te sostienes 
desde dentro
cuando todo a tu alrededor se cae.

Quiero saber si puedes estar solo contigo 
y si verdaderamente disfrutas de la compañía
que mantienes en tus momentos de soledad…

XCI - Juan Gelman

Toda poesía es hostil al capitalismo
puede volverse seca y dura 
pero no porque sea pobre sino 
para no contribuir a la riqueza oficial
puede ser su manera de protestar 
de volverse flaca ya que hay hambre
amarilla de sed y penosa de puro dolor que hay 
puede ser que en cambio 
abra los callejones del delirio 
y las bestias canten atropellándose 
vivas de furia de calor sin destino 
puede ser que se niegue a sí misma 
como otra manera de vencer a la muerte
así como se llora en los velorios
poetas de hoy
poetas de este tiempo
nos separaron de la grey 
no sé qué será de nosotros
conservadores comunistas apolíticos 
cuando suceda lo que sucederá pero
toda poesía es hostil al capitalismo.

lunes, 21 de julio de 2014

Lipolisis!

"El impulso creador no tiene límites geográficos. La gran urbe o la pequeña comunidad del interior son por igual marco valedero para contener y alimentar a los artistas y escritores en su permanente impulso por transmitir SOBREABUNDANTEMENTE el bien, la verdad y la belleza"
Subsecretaria de Cultura de la Pcia. Santa Fe, Octubre de 1980.

domingo, 6 de julio de 2014

Cascando - Samuel Beckett!

CASCANDO

1
por qué no meramente perder toda esperanza en
la ocasión de hacer
derramamiento de palabras

acaso no es mejor abortar que ser estéril

después de que te vas las horas pesan como el plomo
comienzan siempre a rastras demasiado pronto
los garfios desgarrando ciegamente el lecho del deseo
exhumando los huesos los antiguos amores
cuencas alguna vez llenas con ojos iguales a los tuyos
siempre es mejor acaso demasiado pronto que jamás
el oscuro deseo salpicando sus rostros
diciendo una vez más nunca flotó lo amado nueve días
ni nueve meses
ni nueve vidas

2
diciendo una vez más
si vos no me enseñas no aprenderé
diciendo una vez más hay una última
incluso de las últimas veces
últimas veces de rogar
últimas veces de amar
de saber no saber aparentar
una última incluso de las últimas veces de decir
si no me amás a mí yo ya no seré amado
si no te amo a vos ya no amaré

el batir de palabras rancias una vez más dentro del corazón
amor amor amor el golpeteo de ese antiguo émbolo
prensando el inmutable
suero de las palabras

una vez más muerto de miedo
de no amar
de amar pero no a vos
de ser amado pero no por vos
de saber no saber aparentar
aparentar

yo y todos los otros que te amen
si te aman

3
a menos que te amen