miércoles, 3 de enero de 2018

La isla en peso - Virgilio Piñera

La maldita circunstancia del agua por todas partes
me obliga a sentarme en la mesa del café.
Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer
hubiera podido dormir a pierna suelta.
Mientras los muchachos se despojaban de sus ropas para nadar
doce personas morían en un cuarto por compresión.
Cuando a la madrugada la pordiosera resbala en el agua
en el preciso momento en que se lava uno de sus pezones,
me acostumbro al hedor del puerto,
me acostumbro a la misma mujer que invariablemente masturba,
noche a noche, al soldado de guardia en medio del sueño de los peces.
Una taza de café no puede alejar mi idea fija,
en otro tiempo yo vivía adánicamente.
¿Qué trajo la metamorfosis?
 
La eterna miseria que es el acto de recordar.
Si tú pudieras formar de nuevo aquellas combinaciones,
devolviéndome el país sin el agua,
me la bebería toda para escupir al cielo.
Pero he visto la música detenida en las caderas,
he visto a las negras bailando con vasos de ron en sus cabezas.
Hay que saltar del lecho con la firme convicción
de que tus dientes han crecido,
de que tu corazón te saldrá por la boca.
Aún flota en los arrecifes el uniforme del marinero ahogado.
Hay que saltar del lecho y buscar la vena mayor del mar para desangrarlo.
Me he puesto a pescar esponjas frenéticamente,
esos seres milagrosos que pueden desalojar hasta la última gota de agua
y vivir secamente.
Esta noche he llorado al conocer a una anciana
que ha vivido ciento ocho años rodeada de agua por todas partes.
Hay que morder, hay que gritar, hay que arañar.
He dado las últimas instrucciones.
El perfume de la piña puede detener a un pájaro.
Los once mulatos se disputaban el fruto,
los once mulatos fálicos murieron en la orilla de la playa.
He dado las últimas instrucciones.
Todos nos hemos desnudado.
 
Llegué cuando daban un vaso de aguardiente a la virgen bárbara,
cuando regaban ron por el suelo y los pies parecían lanzas,
justamente cuando un cuerpo en el lecho podría parecer impúdico,
justamente en el momento en que nadie cree en Dios.
Los primeros acordes y la antigüedad de este mundo:
hieráticamente una negra y una blanca y el líquido al saltar.
Para ponerme triste me huelo debajo de los brazos.
Es en este país donde no hay animales salvajes.
Pienso en los caballos de los conquistadores cubriendo a las yeguas,
pienso en el desconocido son del areíto
desaparecido para toda la eternidad,
ciertamente debo esforzarme a fin de poner en claro
el primer contacto carnal en este país, y el primer muerto.
Todos se ponen serios cuando el timbal abre la danza.
Solamente el europeo leía las meditaciones cartesianas.
El baile y la isla rodeada de agua por todas partes:
plumas de flamencos, espinas de pargo, ramos de albahaca, semillas de aguacate.
La nueva solemnidad de esta isla.
¡País mío, tan joven, no sabes definir!
 
¿Quién puede reír sobre esta roca fúnebre de los sacrificios de gallos?
Los dulces ñáñigos bajan sus puñales acompasadamente.
Como una guanábana un corazón puede ser traspasado sin cometer crimen.
Una mano en el tres puede traer todo el siniestro color de los caimitos,
más lustrosos que un espejo en el relente,
sin embargo el bello aire se aleja de los palmares.
Si hundieras los dedos en su pulpa creerías en la música.
Mi madre fue picada por un alacrán cuando estaba embarazada.
 
¿Quién puede reír sobre esta roca de los sacrifícios de gallos?
¿Quién se tiene a sí mismo cuando las claves chocan?
¿Quién desdeña ahogarse en la indefinible llamarada del flamboyán?
La sangre adolescente bebemos en las pulidas jícaras.
Ahora no pasa un tigre sino su descripción.
 
Las blancas dentaduras perforando la noche,
y también los famélicos dientes de los chinos esperando el desayuno
después de la doctrina cristiana.
Todavía puede esta gente salvarse de cielo,
pues al compás de los himnos las doncellas agitan diestramente
los falos de los hombres.
La impetuosa ola invade el extenso salón de las genuflexiones.
Nadie piensa en implorar, en dar gracias, en agradecer, en testimoniar.
La santidad se desinfla en una carcajada.
Sean los caóticos símbolos del amor los primeros objetos que palpe,
afortunadamente desconocemos la voluptuosidad y la caricia francesa,
desconocemos el perfecto gozador y la mujer pulpo,
desconocemos los espejos estratégicos,
no sabemos llevar la sífilis con la reposada elegancia de un cisne,
desconocemos que muy pronto vamos a practicar estas mortales elegancias.
Los cuerpos en la misteriosa llovizna tropical,
en la llovizna diurna, en la llovizna nocturna, siempre en la llovizna,
los cuerpos abriendo sus millones de ojos,
los cuerpos, dominados por la luz, se repliegan
ante el asesinato de la piel,
los cuerpos, devorando oleadas de luz, revientan como girasoles de fuego
encima de las aguas estáticas,
los cuerpos, en las aguas, como carbones apagados derivan hacia el mar.
 
Es la confusión, es el terror, es la abundancia,
es la virginidad que comienza a perderse.
Los mangos podridos en el lecho del río ofuscan mi razón,
y escalo el árbol más alto para caer como un fruto.
Nada podría detener este cuerpo destinado a los cascos de los caballos,
turbadoramente cogido entre la poesía y el sol.
 
Escolto bravamente el corazón traspasado,
clavo el estilete más agudo en la nuca de los durmientes.
El trópico salta y su chorro invade mi cabeza
pegada duramente contra la costra de la noche.
La piedad original de las auríferas arenas
ahoga sonoramente las yeguas españolas,
la tromba desordena las crines más oblicuas.
 
No puedo mirar con estos ojos dilatados.
Nadie sabe mirar, contemplar, desnudar un cuerpo.
Es la espantosa confusión de una mano en lo verde,
los estranguladores viajando en la franja del iris.
No sabría poblar de miradas el solitario curso del amor.
 
Me detengo en ciertas palabras tradicionales:
el aguacero, la siesta, el cañaveral, el tabaco,
con simple ademán, apenas si onomatopéyicamente,
titánicamente paso por encima de su música,
y digo: el agua, el mediodía, el azúcar, el humo.
 
Yo combino:
el aguacero pega en el lomo de los caballos,
la siesta atada a la cola de un caballo,
el cañaveral devorando a los caballos,
los caballos perdiéndose sigilosamente
en la tenebrosa emanación del tabaco,
el último gesto de los siboneyes mientras el humo pasa por la horquilla
como la carreta de la muerte,
el último ademán de los siboneyes,
y cavo esta tierra para encontrar los ídolos y hacerme una historia.
 
Los pueblos y sus historias en boca de todo el pueblo.
 
De pronto, el galeón cargado de oro se mete en la boca
de uno de los narradores,
y Cadmo, desdentado, se pone a tocar el bongó.
La vieja tristeza de Cadmo y su perdido prestigio:
en una isla tropical los últimos glóbulos rojos de un dragón
tiñen con imperial dignidad el manto de una decadencia.
 
Las historias eternas frente a la historia de una vez del sol,
las eternas historias de estas tierras paridoras de bufones y cotorras,
las eternas historias de los negros que fueron,
y de los blancos que no fueron,
o al revés o como os parezca mejor,
las eternas historias blancas, negras, amarillas, rojas, azules,
—toda la gama cromática reventando encima de mi cabeza en llamas—,
la eterna historia de la cínica sonrisa del europeo
llegado para apretar las tetas de mi madre.
El horroroso paseo circular,
el tenebroso juego de los pies sobre la arena circular,
el envenado movimiento del talón que rehuye el abanico del erizo,
los siniestros manglares, como un cinturón canceroso,
dan la vuelta a la isla,
los manglares y la fétida arena
aprietan los riñones de los moradores de la isla.
 
Sólo se eleva un flamenco absolutamente.
 
¡Nadie puede salir, nadie puede salir!
La vida del embudo y encima la nata de la rabia.
Nadie puede salir:
el tiburón más diminuto rehusaría transportar un cuerpo intacto.
Nadie puede salir:
una uva caleta cae en la frente de la criolla
que se abanica lánguidamente en una mecedora,
y “nadie puede salir” termina espantosamente en el choque de las claves.
Cada hombre comiendo fragmentos de la isla,
cada hombre devorando los frutos, las piedras y el excremento nutridor,
cada hombre mordiendo el sitio dejado por su sombra,
cada hombre lanzando dentelladas en el vacío donde el sol se acostumbra,
cada hombre, abriendo su boca como una cisterna, embalsa el agua
del mar, pero como el caballo del barón de Munchausen,
la arroja patéticamente por su cuarto trasero,
cada hombre en el rencoroso trabajo de recortar
los bordes de la isla más bella del mundo,
cada hombre tratando de echar a andar a la bestia cruzada de cocuyos.
 
La bestia es perezosa como un bello macho
y terca como una hembra primitiva.
Verdad es que la bestia atraviesa diariamente los cuatro momentos caóticos,
los cuatro momentos en que se la puede contemplar
—con la cabeza metida entre sus patas— escrutando el horizonte con ojo atroz,
los cuatro momentos en que se abre el cáncer:
madrugada, mediodía, crepúsculo y noche.
 
Las primeras gotas de una lluvia áspera golpean su espalda
hasta que la piel toma la resonancia de dos maracas pulsadas diestramente.
En este momento, como una sábana o como un pabellón de tregua, podría
desplegarse un agradable misterio,
pero la avalancha de verdes lujuriosos ahoga los mojados sones,
y la monotonía invade el envolvente túnel de las hojas.
 
El rastro luminoso de un sueño mal parido,
un carnaval que empieza con el canto del gallo,
la neblina cubriendo con su helado disfraz el escándalo de la sabana,
cada palma derramándose insolentemente en un verde juego de aguas,
perforan, con un triángulo incandescente, el pecho de los primeros aguadores,
y la columna de agua lanza sus vapores a la cara del sol cosida por un gallo.
Es la hora terrible.
Los devoradores de neblina se evaporan
hacia la parte más baja de la ciénaga,
y un caimán los pasa dulcemente a ojo.
Es la hora terrible.
La última salida de la luz de Yara
empuja a los caballos contra el fango.
Es la hora terrible.
Como un bólido la espantosa gallina cae,
y todo el mundo toma su café.
¿Qué puede el sol en un pueblo tan triste?
Las faenas del día se enroscan al cuello de los hombres
mientras la leche cae desesperadamente.
¿Qué puede el sol en un pueblo tan triste?
Con un lujo mortal los macheteros abren grandes claros en el monte,
la tristísima iguana salta barrocamente en un caño de sangre,
los macheteros, introduciendo cargas de claridad, se van ensombreciendo
hasta adquirir el tinte de un subterráneo egipcio.
¿Quién puede esperar clemencia en esta hora?
Confusamente un pueblo escapa de su propia piel
adormeciéndose con la claridad,
la fulminante droga que puede iniciar un sueño mortal
en los bellos ojos de hombres y mujeres,
en los inmensos y tenebrosos ojos de estas gentes
por los cuales la piel entra a no sé qué extraños ritos.
 
La piel, en esta hora, se extiende como un arrecife
y muerde su propia limitación,
la piel se pone a gritar como una loca, como una puerca cebada,
la piel trata de tapar su claridad con pencas de palma,
con yaguas traídas distraídamente por el viento,
la piel se tapa furiosamente con cotorras y pitahayas,
absurdamente se tapa con sombrías hojas de tabaco
y con restos de leyendas tenebrosas,
y cuando la piel no es sino una bola oscura,
la espantosa gallina pone un huevo blanquísimo.
 
¡Hay que tapar! ¡Hay que tapar!
Pero la claridad avanzada, invade
perversamente, oblicuamente, perpendicularmente,
la claridad es una enorme ventosa que chupa la sombra,
y las manos van lentamente hacia los ojos.
Los secretos más inconfesables son dichos:
la claridad mueve las lenguas,
la claridad mueve los brazos,
la claridad se precipita sobre un frutero de guayabas,
la claridad se precipita sobre los negros y los blancos,
la claridad se golpea a sí misma,
va de uno a otro lado convulsivamente,
empieza a estallar, a reventar, a rajarse,
la claridad empieza el alumbramiento más horroroso,
la claridad empieza a parir claridad.
Son las doce del día.
 
Todo un pueblo puede morir de luz como morir de peste.
Al mediodía el monte se puebla de hamacas invisibles,
y, echados, los hombres semejan hojas a la deriva sobre aguas metálicas.
En esta hora nadie sabría pronunciar el nombre más querido,
ni levantar una mano para acariciar un seno;
en esta hora del cáncer un extranjero llegado de playas remotas
preguntaría inútilmente qué proyectos tenemos
o cuántos hombres mueren de enfermedades tropicales en esta isla.
Nadie lo escucharía: las palmas de las manos vueltas hacia arriba,
los oídos obturados por el tapón de la somnolencia,
los poros tapiados con la cera de un fastidio elegante
y la mortal deglución de las glorias pasadas.
 
¿Dónde encontrar en este cielo sin nubes el trueno
cuyo estampido raje, de arriba a abajo, el tímpano de los durmientes?
¿Qué concha paleolítica reventaría con su bronco cuerno
el tímpano de los durmientes?
Los hombres-conchas, los hombres-macaos, los hombres-túneles.
¡Pueblo mío, tan joven, no sabes ordenar!
¡Pueblo mío, divinamente retórico, no sabes relatar!
Como la luz o la infancia aún no tienes un rostro.
De pronto el mediodía se pone en marcha,
se pone en marcha dentro de sí mismo,
el mediodía estático se mueve, se balancea,
el mediodía empieza a elevarse flatulentamente,
sus costuras amenazan reventar,
el mediodía sin cultura, sin gravedad, sin tragedia,
el mediodía orinando hacia arriba,
orinando en sentido inverso a la gran orinada
de Gargantúa en las torres de Notre Dame,
y todas esas historias, leídas por un isleño que no sabe
lo que es un cosmos resuelto.
 
Pero el mediodía se resuelve en crepúsculo y el mundo se perfila.
A la luz del crepúsculo una hoja de yagruma ordena su terciopelo,
su color plateado del envés es el primer espejo.
La bestia lo mira con su ojo atroz.
En este trance la pupila se dilata, se extiende
hasta aprehender la hoja.
Entonces la bestia recorre con su ojo las formas sembradas en su lomo
y los hombres tirados contra su pecho.
Es la hora única para mirar la realidad en esta tierra.
 
No una mujer y un hombre frente a frente,
sino el contorno de una mujer y un hombre frente a frente,
entran ingrávidos en el amor,
de tal modo que Newton huye avergonzado.
 
Una guinea chilla para indicar el angelus:
abrus precatorious, anona myristica, anona palustris.
 
Una letanía vegetal sin trasmundo se eleva
frente a los arcos floridos del amor:
Eugenia aromática, eugenia fragrans, eugenia plicatula.
El paraíso y el infierno estallan y sólo queda la tierra:
Ficus religiosa, ficus nitida, ficus suffocans.
La tierra produciendo por los siglos de los siglos:
Panicum colonum, panicum sanguinale, panicum maximum.
El recuerdo de una poesía natural, no codificada, me viene a los labios:
Árbol de poeta, árbol del amor, árbol del seso.
 
Una poesía exclusivamente de la boca como la saliva:
Flor de calentura, flor de cera, flor de la Y.
 
Una poesía microscópica:
Lágrimas de Job, lágrimas de Júpiter, lágrimas de amor.
 
Pero la noche se cierra sobre la poesía y las formas se esfuman.
En esta isla lo primero que la noche hace es despertar el olfato:
Todas las aletas de todas las narices azotan el aire
buscando una flor invisible;
la noche se pone a moler millares de pétalos,
la noche se cruza de paralelos y meridianos de olor,
los cuerpos se encuentran en el olor,
se reconocen en este olor único que nuestra noche sabe provocar;
el olor lleva la batuta de las cosas que pasan por la noche,
el olor entra en el baile, se aprieta contra el güiro,
el olor sale por la boca de los instrumentos musicales,
se posa en el pie de los bailadores,
el corro de los presentes devora cantidades de olor,
abre la puerta y las parejas se suman a la noche.
 
La noche es un mango, es una piña, es un jazmín,
la noche es un árbol frente a otro árbol sin mover sus ramas,
la noche es un insulto perfumado en la mejilla de la bestia;
una noche esterilizada, una noche sin almas en pena,
sin memoria, sin historia, una noche antillana;
una noche interrumpida por el europeo,
el inevitable personaje de paso que deja su cagada ilustre,
a lo sumo, quinientos años, un suspiro en el rodar de la noche antillana,
una excrecencia vencida por el olor de la noche antillana.
No importa que sea una procesión, una conga,
una comparsa, un desfile.
La noche invade con su olor y todos quieren copular.
El olor sabe arrancar las máscaras de la civilización,
sabe que el hombre y la mujer se encontrarán sin falta en el platanal.
¡Musa paradisíaca, ampara a los amantes!
 
No hay que ganar el cielo para gozarlo,
dos cuerpos en el platanal valen tanto como la primera pareja,
la odiosa pareja que sirvió para marcar la separación.
¡Musa paradisíaca, ampara a los amantes!
 
No queremos potencias celestiales sino presencias terrestres,
que la tierra nos ampare, que nos ampare el deseo,
felizmente no llevamos el cielo en la masa de la sangre,
sólo sentimos su realidad física
por la comunicación de la lluvia al golpear nuestras cabezas
 
Bajo la lluvia, bajo el olor, bajo todo lo que es una realidad,
un pueblo se hace y se deshace dejando los testimonios:
un velorio, un guateque, una mano, un crimen,
revueltos, confundidos, fundidos en la resaca perpetua,
haciendo leves saludos, enseñando los dientes, golpeando sus riñones,
un pueblo desciende resuelto en enormes postas de abono,
sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,
más abajo, más abajo, y el mar picando en sus espaldas;
un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir,
aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,
siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla:
el peso de una isla en el amor de un pueblo.

                                                  1943

Virgilio Piñera (Cárdenas, Cuba, 1912-La Habana, 1979), "La vida entera", 1968, La isla en peso, Tusquets, Barcelona, 2000.

“I am waiting” - Lawrence Ferlinghetti

Yo estoy esperando a que mi caso surja
y estoy esperando
por un renacimiento del asombro
y por alguien
que descubra realmente América
y grite

Y yo estoy esperando
por el hallazgo
de una nueva y simbólica frontera del oeste
y estoy esperando
a que el águila americana
realmente abra sus alas
y enderece en un vuelo recto
y estoy esperando
para que la Era de la Ansiedad
caiga muerta
y yo estoy esperando
por la guerra que se peleará
en la cual el mundo será seguro
para la anarquía
y estoy esperando
por la última humillación
de todos los gobiernos
estoy perpetuamente esperando
un renacimiento del asombro.
 
Yo estoy esperando por la Segunda Venida
y estoy esperando
por una resurrección espiritual
que barra a través del Estado de Arizona
y estoy esperando
por el almacenamiento de Las Uvas de la Ira
y que ellas prueben
que Dios realmente es americano
y yo estoy esperando
a verlo en televisión
siendo drenado a los altares de las iglesias
si solo ellos pudieran encontrar
el canal correcto
para sintonizarlo
y yo estoy esperando
a que la última cena sea servida
con un extraño y nuevo aperitivo
y estoy perpetuamente esperando
un renacimiento del asombro.
 
Yo estoy esperando para que llamen a mi número
y estoy esperando
a la toma del Ejército de Salvación
y yo estoy esperando
la bendición del sumiso
que heredará la tierra
sin impuestos
y estoy esperando
para que los bosques y animales
reclamen la tierra como suya
y yo estoy esperando
la manera de planear
la destrucción de todos los nacionalismos
sin matar a nadie
y yo estoy esperando
a los pardillos y a los planetas a que caigan como lluvia
y estoy esperando para que los amantes y las plañideras
se recuesten juntos otra vez
en un nuevo renacimiento del asombro.

(1958)

Fragmento de México, un viaje al país de los Tarahumara - Antonin Artaud

«…pero para que la cultura exista deben destruirse muchas ideas, ideas que son ídolos y si estamos decididos a romper viejos ídolos, no es para hacer surgir nuevos debajo de nosotros.
Esta juventud ya no quiere ser engañada y cuando se le dice que los tiempos han cambiado y que un intelectual o un poeta no pueden ya ignorar su tiempo la juventud contesta que existe un error sobre los intelectuales y sobre el tiempo.
Ella no separa a los intelectuales del tiempo y los intelectuales no se separan de su tiempo, y así como su tiempo, no piensan que el espíritu sea algo vacío y afirman que el arte vale porque se necesita. Pero para ellos esta idea de acción necesaria no significa prostitución de la acción.
Hay un modo de entrar en el tiempo sin venderse a sus poderes, sin prostituir sus fuerzas de acción a los slogan de la propaganda. “Guerra a la guerra, frente común, frente unitario, frente único, guerra al fascismo, frente antiimperialista, contra el fascismo y la guerra, lucha de clases, clase por clase, clase contra clase, etc.”
Hay ídolos de embrutecimientos que le sirven a la jerga de la propaganda. La propaganda es la prostitución en acción y para mí y para la juventud, los intelectuales que hacen literatura de propaganda son cadáveres perdidos por la fuerza de su propia acción.»

Michel Serres (Fragmento de entrevista)

"Me gustan mucho los ríos, me gusta mucho el mar, me gustan mucho los bosques, me gusta mucho el campo, la naturaleza, el mundo, etc. Y necesito a menudo entender la belleza de algunos sitios, la magnificencia de alta mar, la potencia extraordinaria de los glaciares en altitud, el rompimiento gigantesco del viento sobre el mar, que escribe sobre el mar unas líneas que se llaman ondas u olas, como yo escribo en una página, el labrador de surcos.

Y a menudo me pregunto ¿pero, bueno, qué es ese ruido que hace el viento en las hojas? ¿Qué es ese rugido que la tempestad hace sobre el mar? Y me vuelve a la cabeza el viejo animismo.

Es decir, me pregunto si no habrá algo divino en el universo, no dios como persona o entidad, sino el adjetivo, el mero adjetivo. Y hay en mí como un extrañamiento y una fascinación ante lo que creo que es algo divino en el universo.

Cuando crees que hay algo divino en el universo, puedes estar absolutamente seguro de que no lo hay en la sociedad.

(…)

En este misticismo hay principios muy, muy poderosos de descreimiento en las religiones tradicionales. Eso es lo que me permite tener un pie fuera y un pie adentro. Impío místico."

"Y luego te vas. Y se trata de saber qué te llevas. Y conforme vas viviendo, sabes que te llevas lo que menos va pesando. Es decir, te llevas lo que es más ligero y luego lo que es más sutil y luego ya nada. Eso es. Y vivir es haberse marchado y quedarse tan aliviado que vuelves desnudo.

Cuanto más envejeces, más te desnudas. Es mucho más fácil para viajar. No hacen falta maletas, y resulta que la libertad toma el sentido aéreo, el sentido, si, bastante alegre, bastante gozoso. En el fondo, la palabra clave podría ser el gozo. No tanto el placer sino el gozo. El gozo de pensar, de vivir, de tener un cuerpo, el gozo de conocer a los demás. El gozo. En el fondo, la filosofía es eso. Es el descubrimiento del esplendor del gozo."

"Hay actos en la vida que son instintivos… ciegos, totalmente ciegos pero que están regados por una luz interior que se ve después, eso es, la luz se… la luz llega después."

Canto XIII - Ezra Pound (Fragmento)

Kung se paseaba
junto al templo dinástico
y se adentró por entre los cedros
y luego apareció por la parte baja del río,
y con él estaban Khien,Tchi
   y Tian el que hablaba bajito
Y dijo Kung “Somos desconocidos”
“¿Os quisiérais dedicar a las carreras de cuadrigas?
Entonces seréis famosos,
“¿O quizás yo debería dedicarme a las carreras de cuadrigas, o a la arquería?
 “¿O adquirir destreza hablando en público?”
Y Tseu-lou dijo “yo pondría en orden las defensas,”
Y Khien dijo “Si yo fuese el soberano de una provincia
La tendría mejor organizada que ésta.”
Y Tchi dijo “yo preferiría un pequeño templo de montaña,
Y observar el correcto orden de las ceremonias,
la apropiada celebración del ritual,”
Y Tian dijo, con la mano en las cuerdas del laúd
Los sonidos bajos seguían sonando
    después de que apartó la mano de las cuerdas
Y el sonido ascendió como humo, bajo el follaje,
 Y Tian siguió el sonido con la mirada:
“El viejo pozón donde se bañan
los muchachos, y se zambullen desde los tablones,
O se sientan entre los arbustos a tocar la mandolina.”
Y Kung les sonrió a todos por igual.
Y Thseng-sie quiso saber:
“¿Quién ha respondido correctamente?”
Y Kung dijo “Todos respondieron correctamente,
“Es decir, cada cual según su naturaleza.”
Y Kung alzó su caña contra Yuan Jang,
    Yuan Jang era el mayor,
Porque Yuan Jang se quedaba sentado a la vera del camino presumiendo
de estar adquiriendo sabiduría
Y Kung dijo
     “Viejo tonto, déjate de pavadas,
levántate y haz algo útil.”
 Y Kung dijo
 “Respeta las facultades del niño
“Desde el instante mismo en que respira el aire límpido
“Pero un hombre de cincuenta que no sabe nada
  No merece respeto”
Y “Cuando el príncipe ha congregado a su alrededor
“A todos los sabios y artistas, sus riquezas estarán aprovechadas a pleno.”
Y Kung dijo, y lo escribió en las hojas del árbol bo, la higuera sagrada,
   Si un hombre no tiene orden en su interior,
No puede propagar el orden a su alrededor;
Y si un hombre no tiene orden en su interior,
Su familia no actuará con el debido orden;
Y si un príncipe no tiene orden en su interior
No puede poner orden en sus dominios.
Y Kung habló de “orden”
y de “respeto fraternal”
Y no dijo nada de “la vida después de la muerte
Y dijo “Cualquiera es capaz de incurrir en excesos,
es fácil colmar la medida,
Lo difícil es afianzarse en el medio.”
 
Y dijeron: Si un hombre comete un asesinato
¿Debe protegerlo su padre, y ofrecerle refugio?
Y Kung dijo:
Debe ofrecerle un escondite.
 
Y Kung le concedió su hija a Kong-Tch’ang
 Aunque Kong-Tch’ang estaba en la cárcel.
Y le concedió su sobrina a Nan-Young
Aunque Nan-Young no estaba ejerciendo ningún cargo oficial.
Y Kung dijo “Wang gobernó con mesura,
En sus tiempos el Estado estaba bien administrado,
Y hasta yo mismo recuerdo
la época en la que los historiadores dejaban lagunas en sus escritos,
Quiero decir: para las cosas que no sabían,
Pero esos tiempos parece que se acaban.”
Y Kung dijo, “Sin temple serás
incapaz de tocar ese instrumento
O interpretar música apta para las Odas
Los pétalos del damasco
    vuelan de este a oeste,
y yo he intentado impedir que caigan”
 
 
Ezra Pound (Hailey, EE UU, 1885-Venecia, Italia, 1972) The Cantos, New Directions, Nueva York, 1993
Versión de Jan de Jager
 
Nota de edición: Kung es evidentemente Confucio (Kung fu-tzu en la transliteración inglesa)

De: https://campodemaniobras.blogspot.com.ar

Cantar LXXXI - Ezra Pound (Fragmentos)

Zeus yace en el regazo de Ceres
Taishan es servido de amores
            bajo Citerea, antes de la salida
            del sol
y dijo: “Hay aquí mucho catolicismo –(pronunciado
            catolicismo)
            y muy poca religión”
(…)
  “Tú el uno, yo los pocos”
            dijo John Adams
hablando de miedos en abstracto
            a su volátil amigo el Sr. Jefferson
(Romper el pentámetro, ése era el primer empujón)
(…)
“Algunos cocinan, algunos no cocinan
            algunas cosas no pueden modificarse”
’Iugx.  .  .  .  . ’emòn potí dwma aòn andra
Lo que vale es el nivel cultural,
                gracias a Benin por esa mesa hecha de cajas de embalaje
                “no le diga a nadie que yo la hice”
(…)
Sólo lo que amas con honestidad permanece;
el resto es escoria.
Sólo lo que amas con honestidad no te será despojado;
ahí se deposita tu verdadera herencia.
¿Ese mundo: mío, de ellos,
o acaso de ninguno?
Primero vino lo visto, entonces así lo palpable
            Elysium, aunque fuera en las salas del infierno,
Lo que amas es tu verdadera herencia
De lo que bien amas no te privarán
 
La hormiga es un centauro en su mundo de dragón.
Depón tu vanidad, no es el hombre
quien hizo el coraje, el orden o la gracia.
Depón tu vanidad, te digo que la depongas.
Aprende del mundo el sitio que te mereces
en proporción o genuino arte.
Depón tu vanidad,
Paquín, ¡depónla!…
“Sé dueño de ti mismo; entonces otros también lo harán”
            Humilla tu vanidad.
 
Depón tu vanidad.
Eres un perro azotado bajo el granizo,
una urraca henchida bajo un sol caprichoso,
medio negra medio blanca,
confundes el ala con la cola.
Depón tu vanidad.
Cuán indignos tus odios
Nutridos en la falsedad.
Depón tu vanidad,
veloz en destruir, pequeño en caridad.
Depón tu vanidad,
te digo, depónla.
 
Pero el haber hecho en vez del no hacer nada
            esto no es vanidad
el haber, con decencia, llamado
para que Blunt abra
            El haber recogido del aire una viva tradición
o de un magnífico ojo anciano la llama invicta
Esto no es vanidad.
            Aquí el error está todo en lo que no se hizo,
todo en la timidez que titubeó…

 Ezra Pound.
(Hailey, 1885-Venecia, 1972Versión de José Vázquez Amaral).

martes, 24 de octubre de 2017

A Antonin Artaud – de Jacques Prevel

Y si un día un hombre se alzase entre los hombres
y si un día un hombre avanzase entre los hombres
…para ser mi amigo.
Un hombre lo suficientemente puro para ponerme a prueba
…por completo.
Un hombre lo suficientemente loco y vacío de sentido para
…entenderme.
Un hombre de mi raza
pero que haya quebrado los fracasos y los temores
y que leería a través de los innumerables años.
Un hombre que no temería mis sarcasmos
y no temería mi odio
quizás sin espanto
quizás lo reconocería antes de hundirme en la
…noche.
3 de febrero de 1945.

martes, 10 de octubre de 2017

En una pared en las calles de Rosario - Roberto Bolaño!

No enfermarse nunca
Perder todas las batallas
Fumar con los ojos 
entornados y recitar bardos
provenzales
en el solitario ir y venir de las
fronteras
Esto puede ser la derrota
pero también el mar
y las tabernas
El signo que equilibra
tu inmadurez premeditada y
las alegorías
Ser uno y débil y moverse.

Poema visto/encontrado en una pared en las calles de Rosario por el 2011 u 2012.

jueves, 5 de octubre de 2017

El burro - Roberto Bolaño

A veces sueño que Mario Santiago
viene a buscarme con su moto negra.
Y dejamos atrás la ciudad y a medida
que las luces van desapareciendo
Mario Santiago me dice que se trata
de una moto robada, la última moto
robada para viajar por las pobres tierras
del norte, en dirección a Texas,
persiguiendo un sueño innombrable,
inclasificable, el sueño de nuestra juventud,
es decir el sueño más valiente de todos
nuestros sueños. Y de tal manera
cómo negarme a montar la veloz moto negra
del norte y salir rajados por aquellos caminos
que antaño recorrieran los santos de México,
los poetas mendicantes de México,
las sanguijuelas taciturnas de Tepito
o la colonia Guerrero, todos en la misma senda,
donde se confunden y mezclan los tiempos:
verbales y físicos, el ayer y la afasia.
Y a veces sueño que Mario Santiago
viene a buscarme, o es un poeta sin rostro,
una cabeza sin ojos, ni boca, ni nariz,
sólo piel y voluntad, y yo sin preguntar nada
me subo a la moto y partimos
por los caminos del norte, la cabeza y yo,
extraños tripulantes embarcados en una ruta
miserable, caminos borrados por el polvo y la lluvia,
tierra de moscas y lagartijas, matorrales resecos
y ventiscas de arena, el único teatro concebible para nuestra poesía
Y a veces sueño que el camino
que nuestra moto o nuestro anhelo recorre
no empieza en mi sueño sino en el sueño
de otros: los inocentes, los bienaventurados,
los mansos, los que para nuestra desgracia
ya no están aquí. Y así Mario Santiago y yo
salimos de la ciudad de México que es la prolongación
de tantos sueños, la materialización de tantas
pesadillas, y remontamos los estados
siempre hacia el norte, siempre por el camino
de los coyotes, y nuestra moto entonces
es del color de la noche. Nuestra moto
es un burro negro que viaja sin prisa
por las tierras de la Curiosidad. Un burro negro
que se desplaza por la humanidad y la geometría
de estos pobres paisajes desolados.
Y la risa de Mario o de la cabeza
saluda a los fantasmas de nuestra juventud,
el sueño innombrable e inútil
de la valentía.
Y a veces creo ver una moto negra
como un burro alejándose por los caminos
de tierra de Zacatecas y Coahuila, en los límites
del sueño, y sin alcanzar a comprender
su sentido, su significado último,
comprendo no obstante su música:
una alegre canción de despedida.
Y acaso son los gestos de valor los que
nos dicen adiós, sin resentimiento ni amargura,
en paz con su gratuidad absoluta y con nosotros mismos.
Son los pequeños desafíos inútiles -o que
los años y la costumbre consintieron
que creyéramos inútiles-los que nos saludan,
los que nos hacen señales enigmáticas con las manos,
en medio de la noche, a un lado de la carretera,
como nuestros hijos queridos y abandonados,
criados solos en estos desiertos calcáreos,
como el resplandor que un día nos atravesó
y que habíamos olvidado.
Y a veces sueño que Mario llega
con su moto negra en medio de la pesadilla
y partimos rumbo al norte,
rumbo a los pueblos fantasmas donde moran
las lagartijas y las moscas.
y mientras el sueño me transporta
de un continente a otro
a través de una ducha de estrellas frías e indoloras,
veo la moto negra, como un burro de otro planeta,
partir en dos las tierras de Coahuila.
un burro de otro planeta
que es el anhelo desbocado de nuestra ignorancia,
pero que también es nuestra esperanza
y nuestro valor.
Un valor innombrable e inútil, bien cierto,
pero reencontrado en los márgenes
del sueño más remoto,
en las particiones del sueño final,
en la senda confusa y magnética
de los burros y de los poetas.

Humanidad te amo - E.E. Cummings

Humanidad te amo
porque preferirías embarrar las botas del éxito 
antes que preguntar de quién es el alma 
que cuelga de la cadena del reloj 
lo cual sería vergonzoso para ambas partes 
y porque aplaudís resueltamente 
todas las canciones que contengan las palabras 
país casa y madre cuando las cantan en el viejo teatro
Humanidad te amo 
porque cuando andás pobre 
empeñás tu inteligencia para comprarte un trago 
y cuando te echan 
tu orgullo impide 
que te acerques a las casas de empeño 
y porque estás continuamente 
haciendo cosas molestas 
pero más que nada en tu propia casa
Humanidad te amo 
porque estás perpetuamente poniendo 
el secreto de la vida en tus pantalones 
y te olvidás que está ahí 
y te sentás en él
y porque estás siempre haciendo 
poemas en el regazo de la muerte
Humanidad
te odio.

Sweeney entre los ruiseñores - T. S. Eliot

Sweeney cuello de simio extiende sus rodilla
descolgando sus manos para reír,
hinchándose hasta parecer Jirafa.
Los círculos de la luna tormentosa
se deslizan hacia el este, hacia el río de la Plata.
la Muerte y el cuerpo se desvían arriba
y Sweeney guarda los pórticos encornados.
El tenebroso Orión y el perro
están velados; y calmados los estremecidos mares;
la persona en la capa española
trata de sentarse sobre las rodillas de Sweeney;
resbala y empuja el mantel de la mesa
vuelca una taza de café
se reorganiza en el suelo
bosteza y se sube una media;
el hombre silencioso vestido de marrón moka
se deja caer en el alfeizar de la ventana y bosteza;
el camarero trae naranjas
bananas, higos y uvas de invernadero;
el silencioso vertebrado marrón
se contrae y concentra, se quita;
Rachel Née Rabinovich
arranca las uvas con garras asesinas;
ella y la dama en la capa
son sospechosas, se piensa están ligadas;
por lo tanto el hombre con ojos pesados
rechaza el gambito, muestra fatiga;
deja el cuarto y reaparece
fuera de la ventana, inclinándose
ramas de glicinas
circunscriben una mueca dorada.
El anfitrión conversa con alguien indistinto
conversa aparte en la puerta,
los ruiseñores están cantando cerca
del convento del Sagrado Corazón
y cantaron dentro de la arboleda sangrienta
cuando Agamenón gritó
y dejaron caer su líquido dividido
para mancillar el duro, deshonrado sudario.

Gerontion - T. S. Eliot [en Lolita de Vladimir Nabokov]

1. Irónica alusión al poema «Gerontion», de T. S. Eliot:
Tú no tienes ni juventud ni vejez
sino como si fuera una siesta después de comer
soñando con ambas cosas.
Aquí estoy, viejo en un mes seco,
mientras un niño me lee, esperando que llueva.
No estuve ni a las Puertas Calientes
ni combatí en la lluvia cálida
ni me hundí en el pantano salitroso,
con un machete en mano,
picado por las moscas, combatido.
Mi casa es una casa en ruinas
y el judío se acurruca en el umbral de la ventana,
el propietario, el desovado en algún cafetín de Amberes,
llagoso en Bruselas, apañado y desollado en Londres.
El cabrón tose por la noche campo arriba;
rocas, musgo, hierro, mierdas.
La mujer cuida la cocina, prepara té,
estornuda por la tarde, escarba en el sumidero.

Soy un viejo,
un zopenco entre espacios de viento.
Los signos se toman por maravillas: 
Queremos ver una señal
La palabra entre palabras,
incapaz de decir una palabra,
envuelta en tinieblas.
En la adolescencia del año vino Cristo el tigre.

En el depravado mes de Mayo,
cornejo y castaño, floreciendo el árbol de Judas,
para ser comido, dividido,
bebido entre cuchicheos; por el señor Silvero
con manos cariñosas,
en Limoges dando vueltas,
en el cuarto del lado, toda la noche;
por Hakagawa, haciendo reverencias entre Tizianos;
por madame de Tornquist, en el oscuro cuarto
cambiando de lugar las velas;
Fraülein von Kulp, que se dio vuelta en el zaguán,
una mano en la puerta.
Vacías lanzaderas tejen el viento.
No tengo fantasmas,
un hombre viejo en una casa de vientos
bajo una colina de ventisca.

Después de saber, ¿Cuál perdón?
Ahora piensa que la historia tiene
muchos y mañosos pasadizos,
urdidos corredores y propósitos,
engaña con susurrantes ambiciones,
nos lleva entre vanidades.
Ahora piensa que ella da cuando estamos distraídos
y lo que da, lo da con tan sutiles confusiones
que la donación da hambre al deseoso:
da muy tarde aquello en que no se cree,
o si aún se cree, en la memoria sólo,
reconsiderada pasión es.
Da muy pronto.
En débiles manos, lo pensado puede ser desechado
hasta el rechazo, propagando miedo.
Piensa, ni el miedo ni el coraje nos salvan.
Vicios no naturales son engendrados por nuestro heroísmo.
Las virtudes nos son impuestas
por nuestros impúdicos crímenes.
Estas lágrimas caen de un árbol iracundo.

El tigre salta sobre el nuevo año.
Nos devora.
Piensa, por último:
no hemos llegado a una conclusión,
cuando endurezco en una casa de alquiler.
Piensa, al fin, no he hecho este espectáculo
sin propósito y no es por ninguna instigación
de los demonios interiores.

Coincidiría contigo sobre esto honestamente.
Yo que estaba cerca de tu corazón fui apartado de él
perdiendo la belleza en el terror, terror de preguntar.
He perdido mi pasión:
¿por qué necesitaría conservarla
cuando aquello que debe conservarse será adulterado?
He perdido mi vista, mi olfato,
mi oído, el gusto y el tacto:
¿Cómo habría de usarlos para estar cerca de ti?

Estos, con mil pequeñas deliberaciones
dilatan el beneficio de su helado delirio,
excitan la membrana, cuando el sentido se ha enfriado,
con salsas picantes, multiplican la variedad
en una selva de espejos.
¿Qué hará la araña,
suspender sus actos;
podría el gorgojo retrasarse?
De Bailhache, Fresca, la señora Cammel,
giraban más allá del circuito de la estremecida Osa
en fracturados átomos. Gaviota contra el viento,
en los ventiscos estrechos de Isla Bella,
o corriendo al cabo de los Hornos
plumas blancas en la nieve,
el Golfo se las lleva,
y un viejo empujado por los Alisios
a un rincón soñoliento.

Inquilinos de la casa,
pensamientos de un cerebro seco
en una seca estación.

sábado, 20 de mayo de 2017

Dos poemas de William Carlos Williams

ACACIA EN FLOR
De
entre
la verde

tenaz
vieja y
brillante

rama
rota
surge

el blanco
y dulce
mayo

otra vez.

POETA CON CABEZA DE CERDO
Todo lo que hago
todo lo que escribo
me aleja
de quienes quiero

Si es bueno
quedan confundidos
si es malo
avergonzados

Corro un riesgo enorme
hacia el amor que me tienen
camino descalzo
por arenas movedizas.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Este amor - Jacques Prévert!

Este amor
tan violento
tan frágil
tan tierno
tan desesperado
Este amor
bello como el día
y malo como el tiempo
cuando hace mal tiempo
Este amor tan verdadero
este amor tan hermoso
tan feliz
tan alegre
y tan irrisorio
Temblando de miedo como un niño en la oscuridad
y tan seguro de sí mismo
como un hombre tranquilo en medio de la noche
Este amor que daba miedo a los otros
que les hacía hablar
que los hacía palidecer
Este amor acechado
porque lo acechábamos
Acosado herido pisoteado rematado negado olvidado
porque lo acosamos herimos pisoteamos rematamos negamos olvidamos
Este amor íntegro
tan vivo aún
y soleado
es el tuyo
es el mío
Ese que ha sido
ese algo siempre nuevo
y que no ha cambiado
Tan verdadero como una planta
tan tembloroso como un pájaro
tan cálido, tan vivo como el verano
Juntos podemos los dos
ir y venir
podemos olvidar
y después volvernos a dormir
despertarnos envejecer sufrir
volvernos a dormir
soñar con la muerte
despertarnos sonreír y reír
y rejuvenecer
Nuestro amor sigue allí
empecinado como un borrico
vivo como el deseo
cruel como la memoria
ridículo como los arrepentimientos
tierno como los recuerdos
frío como el mármol
hermoso como el día
frágil como un niño
Nuestro amor nos mira sonriendo
nos habla sin decir nada
y yo lo escucho tembloroso
y grito
grito por ti
grito por mí
Te suplico
por ti por mí por todos los que se aman
y los que se han amado
si le grito
por ti por mí y por todos los demás
que no conozco
Quédate
allí donde estas
donde estabas antes
Quédate
no te muevas
no te vayas
nosotros los que somos amados
te hemos olvidado
pero tú no nos olvides
sólo te teníamos a ti sobre la tierra
no dejes que nos volvamos fríos
aunque sea cada vez desde más lejos
y desde donde sea
Danos señales de vida
mucho más tarde desde el rincón de un bosque
en la selva de la memoria
surgiendo de repente

tiéndenos la mano
y sálvanos.

Ahora y nada - Mario Benedetti

AHORA Y NADA
Tot és aura i res!
   Joan Vinyoli
Tengo un trabajo conjurado y denso
pero no importa, lo interrumpo
necesito una tregua con distancia
una paz despojada de ansiedades
un ocio sin escrúpulos de ocio

me siento en la terraza a no hacer nada
ni siquiera a leer un texto fácil
tan sólo que las manos se abandonen
los ojos se habitúen al otoño
la espalda a estar sin alas

allá abajo la plaza verde y ocre
con sus perros higiénicos y ágiles
que se vengan de encierro y celibatos
miro el cielo naranja cruzado por antenas
y sólo al encontrarme con 
los rumores metropolitanos
existe la ciudad remota y próxima

mientras hamaco mi ocio
tengo que defenderlo
y sobre todo 
tengo que aprender a gozarlo
de pronto asumo que este instante
nada ritual es un oasis
la discutible soledad
en la que puedo ser yo mismo
vaya a saber lo que uno sabe
para quedarse aquí tapando aullidos
olvidando las horas en acecho
uniendo las mitades de la vida

es una calma gris sin concesiones
y sin los desencuentros de la urgencia
una tranquilidad convaleciente
y algo tediosa, claro

no sé si este sosiego es necesario
de todos modos no es inexpugnable
lo asedian los recuerdos cenagosos
las pálidas vergüenzas
el oscuro subsuelo de la calma
las mágicas palabras nunca dichas
los silencios violados
los gestos abrasados y abrazantes
los yermos del amor
los mitos resurrectos
la araña con su tela de rencores
la furia sin rescoldo
el corazón sin huésped

es una calma desvelada
por las fogatas que apagué
y por la infancia que me espía
mi vigilia en desorden tiene puestas
sus miradas en la paz temblorosa
la que mueve los árboles sin pájaros
como si les quitara un sortilegio
y también tiene puestas sus esperanzas 
en la astucia de mi memoria 
que da y quita 
huellas y nombres
voz y voces

debo reconocer que en esta calma
me siento como sapo de otro pozo
no sé si tendré ganas de hundirme 
para siempre en el sosiego

allá abajo en la plaza verde y ocre
perritos y perrazos bien se lamen
con cierta discreción y sin tristeza
aunque dios los creara
ellos no creen en dios
y si a menudo alzan una pata
no es para bendecir el árbol
ciertamente
bonanza de emergencia

esta tregua sin fiebre
la siento en las rodillas
gorriones de penuria
avanzan paso a paso
en un tango liberto
no hay otros habitantes
y si los hay 
no cuentan
tampoco cuento yo

vuelvo a mis soledades
esas pobres contiguas
que me miran llegar
como un poseso
otra vez al trabajo conjurado
por hoy

basta de calma.

Cáscara y nada - Mario Benedetti

A veces el futuro es un sueño cerrado
y uno arroja la llave al precipicio
el corazón a veces nos despierta a los gritos
y uno se vuelve sordo de ternura

a veces es preciso que se nos caiga el cielo
para saber todo lo que nos falta
para inventar el surco del insomnio
para quedarse a solas con el mundo.

Casi siempre es la hora de la verdad vacía
sólo cáscara y nada
Dios inmóvil
es el temor recién amanecido
y ya opaco de veras
ya de veras maldito.
A veces el futuro es una noche sola

y uno gasta la urgencia en llegar a dormirse.

Trama – Elizabeth Willis

La segunda etapa es el insomnio.
En el principio fue la ansiedad.
La tercera etapa es "la gente común".
La cuarta: qué hacer.

La primera etapa es el caos.
La segunda es la invención.
La máquina de vapor. La servilleta.
La mesa de picnic. La plata.

Primero caminabas por un puente.
Después volabas.
Después barrías el piso.

Primero viene el amor.
Después la náusea.

Primero el placer.
Una pizquita.

Primero la pupa, después las alas.
La mudez. La noche.

Lo primero es el trabajo.
Lo segundo, no sabemos.

Primero viene el agua.
Después el aire.
Un huracán. Un suspiro.
Abigail. Norma. Laquisha.
Molly. Sylvia. Roxanne.
Temperance. Emma. Delilah.
Daphne. Wilhelmina. Georgette.
Tifón que toca tierra. Escombros.

La primera etapa fue la infancia.
La segunda etapa fue Beatrice.

La primera etapa fue Beatrice.
La segunda etapa fue el infierno.

Primero la ciudad, después el bosque.
La segunda etapa fue Virgilio.
La tercera etapa fue expurgada.
La cuarta pasó inadvertida.
La última etapa fue una carta.
Un único canturreo sin sentido.

Qué fue primero los que lavan plata o los aduladores.
Qué fue primero la rueda de Catalina o el congelador.

En el principio una voz.
En el principio paramecios.

Primero el carbono.
Después la electricidad.
Después los zapatos.

En el principio un árbol.

Antes de la casa, una cueva.
Antes de la cueva, un pantano.
Antes del pantano, un desierto.

El jardín estaba en el medio.
Entre la calle y la vereda.

En el principio sopa.

Después mesas. La bolsa de valores.
Cosas en cuatro patas.

En el principio estaba asustada.
Después la oscuridad me contó un chiste.

Qué fue antes el río o la orilla.
Qué fue antes el cura o el sepulturero.
Qué fue antes el crimen o el castigo.
Qué fue antes los bomberos o la policía.
Qué fue antes la conquista o el descubrimiento.
El tenedor o la cuchara.
El punto o la línea.
El FBI o la CIA.

Qué fue antes la gravedad o la gracia.
Qué fue antes la lana o el algodón.
Qué fue antes el negrero o el barco.
Qué fue antes el tobillo o el ala.
El colibrí o la rana.
La pubertad o la ideología.

Qué vino antes la memoria o el olvido.
Qué vino antes la ley seca o el voto femenino.
El café o el té.

Qué fue primero sí o no.
Qué fue primero plata u oro.
Seda o porcelana.
Lápiz o papel.

Qué fue primero Kioto o Dresde.
Qué fue primero el renacimiento o la reforma.
Qué preferirías ser conejo o pato.

Quién es más poderoso Mefistófeles o Margarita.
A quién le va a tocar a mí o a vos.
Qué preferirías quemarte o ahogarte.

En el principio fui invencible.
En la mitad me desarmé.

Primero hubo una biblioteca después hubo un café.
Después hubo un ventanal.

Qué fue antes represión o resistencia.
Gramática o sintaxis.
La sirena o los tiros.
Qué fue antes el granito o el mármol.
El ejército o el dron.
El silbido o el mirlo.
Qué fue antes el azúcar o el ron. Banana o ananá.
El senado o la corporación.

El cuento estaba medio vacío o medio lleno.

Qué es mejor sentir lástima o bronca.
Qué te da más miedo la vida o la muerte.
Qué te define mejor, el vapor de la locomotora o la moneda en las vías.
En qué pensabas, gemido o explosión.
Qué elegirías, un sándwich o una llamada telefónica.
Qué esperabas, una pregunta o una respuesta.
Un piano o un reloj.

Tomate el tiempo que quieras.

sábado, 18 de marzo de 2017

Próximo prójimo - Mario Benedetti (1964-1965)

En caso de vida o muerte, se debe
estar siempre con el más próximo.
Antonio Machado
Y está tu corazón
próximo prójimo
hermano a borbotones
ensimismado dócil triste exangüe
con terribles secretos en tu fondo
con tu ebria soledad acompañada

próximo
algunas veces lejanísimo prójimo
cuantos rostros me diste
me estás dando
sobreviviente atroz sobreviviente
de esta herida sin labios
de esta hiedra sin muro

qué maga
qué sin trenzas viniste
ah prójimo-muchacha la primera
a instalarte delante de mis ojos de niño
que no sabía nada
que no sabía nada
mi dialecto era verte y anunciar para siempre
entre diez compañías de soldados de plomo
mi gran amor deslumbre
mi pobre amor a cuerda

vino el amigo absorto
sin percances
y no se habló de muertes
en su cercado limbo
tan sólo se jugaba
al más allá
y el sábado
era una bruma pero sin reloj
sin llave urgente ni contradicciones
amigo nada más
amigo muerto

los padres
claro
como un gran suburbio
amor congénito en mansa barbarie
subordinado e invasor
amor ciego o miope o astigmático
aún puedo abrigarme en sus imágenes
están aquí al alcance
viejo
vieja
un poco sordos para su propia incógnita
pero siempre pendientes
de mi nueva llegada

venga maestro
no lo olvido
usted me abrió los cielos
colonizó mi alma
con el meñique se alisó la barba
y miró el mundo
(yo estaba en el mundo)
con un desprecio cruel
no le perdono
SU vocación de estafa
ni aun ahora
que está bien muertecito
dios mediante

prójimo
hermano literal
quién sabe
dónde quedó el momento en que jugamos
lanzando al aire nuestros ocho años
de diferencia o de encadenamiento
duermes y duermo
el sueño y el espanto
viajan de tu fatiga a mi fatiga
y viceversa vuelven a viajar
hasta que al fin también
ellos se duermen

prójimo mí enemigo
que me conoce y finge no saberme
y en su tedio descubre
ese rencor enorme y tan minúsculo
por cierto no lo envidio
cuando pronuncia vida y piensa muerte
cuando repite cristo y piensa judas
a esta altura tal vez ya esté oxidado
su resentido embuste didascálico
quizá contemporice y diga ciencia
por no decir conciencia

estás en el pupitre
como yo desterrado
en tanto que en el patio
llueve diagonalmente
el alemán rechina y tú divagas
hasta que la trompada
ese viejo argumento
cae sobre tu oreja que es la mía
y tu alarído estalla para siempre
y ahora la lluvia es sólo vertical

mi mujer está aquí
pero antes mucho antes
se acercó por un patio
de baldosas en rombos
y allí empecé a tomar tremendas decisiones
entonces fui a mirarla desde buenos aires
yo era su prójimo sin lugar a dudas
volví y le dije
piénsalo
pero ella dijo
no necesito pensarlo

prójimo el admirable
el cándido
el impuro
te vi una vez pero nunca me viste
no capitularé ni capitularemos
tan importante como julio verne
vas tripulando una nave una isla
un cuerpo extraño inverosímil nuevo
pero en un lustro apenas
será el cuerpo de todos
ojalá y cotidiano

prójimo en que me amparo
tu compacta amistad
tu vida un tanto mustia
tu faro de confianzas
tus vísperas de solo
son para mí el contorno imprescindible
prójimo-muro gris acribillado
prójimo-pasamano en que me apoyo
cuando desciendo la escalera y temo
que algún peldaño pueda estar podrido

rostro herido heridor
ojos que lo supieron
aduana de la dulce simetría
olvidada presencia inolvidable
estás en algún sitio
en algún tríptico de resignaciones
yo pienso en ti cuando la noche clava
para siempre qué suerte para siempre
otra lanza-nostalgia
en mi costado
y está tu corazón
próximo prójimo
no te avergüences de su llanto.

la cabeza hace trizas el pasado
fríamente coloca sus razones invictas
divide en lotes la melancolía
negocia cautamente tus acciones en alza
desorganiza para siempre tu magia
te despoja del cándido futuro
amuebla los infiernos que te esperan
después del provisorio desamparo
te hace lúcido y hueco
cruel y lúcido
voraz y pobre lúcido

pero también
por suerte
está tu corazón
ese embustero
ese piadoso
ese mesías.