viernes, 14 de febrero de 2014
3 poemas de Bukowski
No hay nada que discutir
no hay nada que recordar
no hay nada que olvidar
es triste y no es triste
parece que la cosa más sensata
que una persona puede hacer
es estar sentada
con una copa en la mano
mientras las paredes blanden
sonrisas de despedida
uno pasa a través de
todo ello con una cierta
cantidad de eficiencia y valentía
entonces se va,
algunos aceptan
la posibilidad de Dios
para ayudarles en su paso
otros lo aceptan como es
y por estos bebo esta noche.
Bien, así es la cosa...
a veces cuando todo parece ir de mal
en peor
cuando todo conspira
y corroe
y las horas, días,
años
parecen desperdiciados,
tendido sobre mi cama
en la oscuridad
mirando hacia el techo
concibo lo que muchos considerarán un
detestable pensamiento:
aún es agradable ser Bukowski.
París
Fue como no haber estado allí.
Céline se había ido.
no había nadie allí.
París fue un bocado de aire azulado.
Las mujeres pasaban como una inhalación
No había ningún ejército por ahí.
Todos eran ricos.
No había pobres a la vista.
No había viejos a la vista.
Cuando te sentabas en una mesa en un café
te caían celosas miradas
más importantes que tú.
La comida era demasiado cara para comerla.
Una botella de vino te costaba tu mano derecha.
Céline se había ido.
Hombres gordos fumaban cigarros convirtiéndose en
gloriosas bocanadas de humo.
domingo, 9 de febrero de 2014
Frases de Albert Einstein!
Fragmento Capítulo 80 de Rayuela - Julio Cortázar!
Fragmento de Isidore Ducasse, Conde de Lautréamont
Las perturbaciones, las
ansiedades, las depravaciones, la muerte, las excepciones en el orden físico o
moral, el espíritu de negación, los embrutecimientos, las alucinaciones
servidas por la voluntad, los tormentos, la destrucción, los trastornos, las
lágrimas, las insaciabilidades, los servilismos, las imaginaciones penetrantes,
las novelas, lo inesperado, lo que no hay que hacer, las singularidades
químicas del buitre misterioso que acecha la carroña de alguna ilusión muerta,
las experiencias precoces y abortadas, las oscuridades con caparazón de chinche,
la monomanía terrible del orgullo, la inoculación de los estupores profundos,
las oraciones fúnebres, las envidias, las traiciones, las tiranías, las
impiedades, las irritaciones, las acrimonias, los despropósitos agresivos, la
demencia, el spleen, los espantos razonados, las inquietudes extrañas que el
lector preferiría no sentir, las muecas, las neurosis, las hileras sangrantes
por las cuales se hace pasar la lógica acorralada, las exageraciones, la
ausencia de sinceridad, las burlas, las vulgaridades, lo sombrío, lo lúgubre,
los partos peores que los crímenes, las pasiones, el clan de los novelistas de
tribunales, las tragedias, las odas, los melodramas, los extremos presentados a
perpetuidad, la razón impunemente silbada, los olores de los cobardes, las desazones,
las ranas, los pulpos, los tiburones, el simún del desierto, lo sonámbulo,
turbio, nocturno, somnífero, noctámbulo, viscoso, foca parlante, equívoco,
tuberculoso, espasmódico, afrodisiaco, anémico, tuerto, hermafrodita, bastardo,
albino, pederasta, fenómeno de acuario y mujer bar-buda, las horas borrachas de
desencanto taciturno, las fantasías, las acritudes, los monstruos, los
silogismos desmoralizadores, las basuras, lo que no reflexiona como el niño, la
desolación, el manzanillo intelectual, los chancros perfumados, las nalgas con
camelias, la culpabilidad de un escritor que rueda por la pendiente de la nada
y se desprecia a sí mismo con gritos alegres, los remordimientos, las
hipocresías, las perspectivas vagas que os trituran con sus engranajes
imperceptibles, los serios escupitajos sobre los axiomas sagrados, los piojos y
sus cosquilleos insinuantes, los prefacios insensatos, como los de Cromwell, la
señorita de Maum y de Dumas hijo, las caducidades, las impotencias, las
blasfemias, las asfixias, los ahogos, las rabias ante esos osarios inmundos que
hacen que enrojezca al nombrarlos, es hora de reaccionar ya contra lo que nos
lastima y nos doblega tan soberanamente.
domingo, 2 de febrero de 2014
El amenazado - Jorge Luis Borges
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición,
el aprendizaje de las palabras que usó el áspero norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, los hábitos,
el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal,
el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente,
ya el hombre se levanta a la voz del ave,
ya se han oscurecido los que miran por las ventanas,
pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Frase de Carl Jung!
sábado, 1 de febrero de 2014
miércoles, 29 de enero de 2014
Poema de Baudelaire!
Hacia mi pálida estrella,
bajo un techado de brumas o en la vastedad etérea,
yo me hago a la vela;
El pecho saliente y los pulmones hinchados
como velamen,
yo trepo al lomo de las olas amontonadas
que la noche me vela;
Siento vibrar en mí todas las pasiones
de un navío que sufre;
El buen viento, la tempestad y sus convulsiones
sobre el inmenso abismo
me mecen.
Cuanto puedas - Konstantino Kavafis!
en esto esfuérzate al menos
cuanto puedas: no la envilezcas
en el contacto excesivo con la gente,
en demasiados trajines y conversaciones.
No la envilezcas llevándola,
trayéndola a menudo y exponiéndola
a la torpeza cotidiana
de las compañías y las relaciones,
Cartas de Antonin Artaud!
A la mesa
Abandonad las cavernas del ser. Venid, el espíritu alienta
fuera del espíritu. Ya es hora de dejar vuestras viviendas.
Ceded al Omni-Pensamiento. Lo Maravilloso está en la raíz
del espíritu. Nosotros estamos dentro del espíritu, en el interior de la
cabeza. Ideas, lógica, orden, Verdad (con V mayúscula), Razón: todo lo
ofrecemos a la nada de la muerte. Cuidado con vuestras lógicas, señores,
cuidado con vuestras lógicas; no imagináis hasta dónde puede llevarnos nuestro
odio a la lógica.
La vida, en su fisonomía llamada real, sólo se puede
determinar mediante un alejamiento de la vida, mediante un suspenso impuesto al
espíritu; pero la realidad no está allí. No hay, pues, que venir a fastidiarnos
en espíritu a nosotros, que apuntamos hacia cierta eternidad superreal a
nosotros que desde hace ya tiempo no nos consideramos del presente y somos para
nosotros como nuestras sombras reales.
Aquel que nos juzga no ha nacido al espíritu, a ese espíritu
a que nos referimos y: que está, para nosotros, fuera de lo que vosotros
llamáis espíritu. No hay que llamar demasiado nuestra atención hacia las
cadenas que nos unen a la imbecilidad petrificante del espíritu. Nosotros hemos
atrapado una nueva bestia. Los cielos responden a nuestra actitud de absurdo
insensato. El hábito que tenéis todos vosotros de dar la espalda a las
preguntas no impedirá que los cielos se abran el día establecido, y que un
nuevo lenguaje se instale en medio de vuestras imbéciles transacciones.
Queremos decir: de las transacciones imbéciles de vuestros pensamientos.
Hay signos en el Pensamiento. Nuestra actitud de absurdo y de muerte es la de mayor receptividad. A través de las hendiduras de una realidad en adelante no viable, habla un mundo voluntariamente sibilino.
Mensaje al Dalai Lama
Somos tus muy fieles servidores, ¡oh Gran Lama!, concédenos,
envíanos tu luz en un lenguaje que nuestros contaminados espíritus de europeos
puedan comprender, y si es necesario cambia nuestro Espíritu, créanos un
espíritu vuelto por entero hacia esas cimas perfectas donde el Espíritu del
Hombre ya no sufre.
Créanos un Espíritu sin hábitos, un espíritu cuajado
verdaderamente en el Espíritu, o un Espíritu con hábitos más puros - los tuyos
- si ellos son aptos para la libertad.
Estamos rodeados de papas decrépitos, de profesionales de la
literatura, de críticos, de perros; nuestro Espíritu está entre perros, que
inmediatamente piensan a ras de tierra, que irremediablemente piensan en el
presente.
Enséñanos, Lama, la levitación material de los cuerpos, y
cómo evitar ser retenidos por la tierra.
Porque tú bien sabes a qué liberación transparente de las
almas, a qué libertad del Espíritu en el Espíritu aludimos, ¡oh Papa
aceptable!, ¡oh Papa del Espíritu verdadero!
Con el ojo interior te contemplo, ¡oh Papa!, en la cumbre de lo interior. Es en ese interior donde me asemejo a ti, yo, germinación, idea, labio, levitación, sueño, grito, renunciamiento a la idea, suspendido entre todas las formas y a la espera sólo del viento.
Carta a las Escuelas de Buda
Vosotros que no estáis en la carne, que sabéis en qué punto
de su trayectoria carnal, de su vaivén insensato, el alma encuentra el verbo
absoluto, la palabra nueva, la tierra interior. Vosotros que sabéis como uno da
vueltas en el pensamiento y cómo el espíritu puede salvarse de si mismo.
Vosotros que sois interiores a vosotros mismos, que ya no tenéis un espíritu a
nivel de la carne: aquí hay manos que no se limitan a tomar, cerebros que ven
más allá de un bosque de techos, de un florecer de fachadas, de un pueblo de
ruedas, de una actividad de fuego y de mármoles. Aunque avance ese pueblo de
hierro, aunque avancen las palabras escritas con la velocidad de la luz, aunque
avancen los sexos uno hacia otro con la violencia de un cañonazo, ¿qué habrá
cambiado en las rutas del alma, ¿qué en los espasmos del corazón, en la
insatisfacción del espíritu?
Por eso, arrojad al agua a todos esos blancos que llegan con
sus cabezas pequeñas y sus espíritus bien manejados. Es necesario ahora que
esos perros nos oigan: no hablamos del viejo mal humano. Nuestro espíritu sufre
de otras necesidades que las inherentes a la vida. Sufrimos de una podredumbre,
la podredumbre de la Razón.
La lógica Europa aplasta sin cesar al espíritu entre los
martillos de dos términos opuestos, abre el espíritu y lo vuelve a cerrar. Pero
ahora el estrangulamiento ha llegado al colmo, ya hace demasiado tiempo que
padecemos bajo el yugo. El espíritu es más grande que el espíritu, las
metamorfosis de la vida son múltiples. Como vosotros, rechazamos el progreso:
venid, echad abajo nuestras viviendas.
Que sigan todavía nuestros escribas escribiendo, nuestros
periodistas cacareando, nuestros críticos mascullando, nuestros usureros
deslizándose en sus moldes de rapiña, nuestros políticos perorando y nuestros
asesinos legales incubando sus crímenes en paz. Nosotros sabemos - sabemos muy
bien - qué es la vida. Nuestros escritores, nuestros pensadores, nuestros
doctores, nuestros charlatanes coinciden en esto: en frustrar la vida.
Que todos esos escribas escupan sobre nosotros, que nos
escupan por costumbre o por manía, que nos escupan porque son castrados de
espíritu, porque no pueden percibir los matices, los barros cristalinos, las
tierras giratorias donde el espíritu encumbrado del hombre se transforma sin
cesar. Nosotros hemos captado el pensamiento mejor. Venid. Salvadnos de estas
larvas. Inventad para nosotros nuevas viviendas.
Allí donde otros proponen obras
La vida es un consumirse en preguntas.
No concibo la obra como separada de la vida.
No amo la creación separada.
Me reconozco tanto en una carta escrita para
explicar el encogimiento íntimo de mi ser
Yo pongo este libro suspendido en la vida,
Todas estas páginas se arrastran
cada uno de los minutos de mí mismo.
Es necesario terminar con el Espíritu
se comunican en todos los grados.
que sea como una puerta abierta y
Y esto no es un prefacio de un libro como no lo son
Escenas de Apocalypse Now!
Siguen navegando y adentrándose
en la selva. Willard siente que ya están llegando a destino, por lo que junta
el legajo, las fotos, las cartas y los artículos de diarios, rompe todo y lo
arroja al río.
De pronto, en canoas, unos
nativos con las caras pintadas de blanco, parecen estar esperándolos como si de
guardianes del Hades se tratará. La lancha disminuye la velocidad y se abre
camino lentamente entre esos espectros. Pronto, en la orilla se acercan a
verlos guerrilleros montagnards y otros vestidos con ropas del Vietcong, del
Ejército de Vietnam del Norte o del Khmer Rouge. También se perciben cadáveres
mutilados, ahorcados o empalados, cabezas sobre picas y calaveras. Han,
finalmente, descendido al infierno, al infierno de Kurtz.
Llegan al campamento de este
ejército de indígenas y desertores vietnamitas y camboyanos. Desde una especie
de muelle, parecen ser recibidos por un fotógrafo frenético, hiperactivo y
aparentemente drogado (Dennis Hopper). Grita a los nativos y guerrilleros: “Han
sido aprobados.” Y, luego, dirigiéndose a los del bote patrulla, “salgan, somos
todos sus hijos”.
Aconseja a Willard que pedía
hablar con Kurtz “uno no habla con el Coronel, bueno, uno lo escucha. El hombre
amplió mi mente. Es un poeta-guerrero en el sentido clásico… Yo soy un hombre
pequeño. Él es un gran hombre. ‘Hubiera preferido ser un par de recias tenazas
que corren en el silencio de oceánicas terrazas’ [repite estos versos de La
canción de amor de J. Alfred Prufrockde T. S. Eliot]. Quiero decir. Él puede
ser terrible y puede ser malvado y estar en lo cierto. Él está luchando la
guerra. Es un gran hombre.” Y por detrás se ve un enigmático graffiti: “Nuestro
lema: ¡Apocalipsis ahora!”
Es ahí cuando ve al capitán Colby
(Scott Glenn) que había sido enviado antes que él en un estado casi catatónico,
con las manos ensangrentadas sujetando su arma. Continúa el fotógrafo exaltado
con sus consejos: “Entonces, tú sólo déjalo tranquilo, estate tranquilo,
pregúntale… Pero no juzgues al Coronel.”
Y las cabezas en picas por todos
lados. “Las cabezas. Están viendo las cabezas. Eh, bueno, a veces llega
demasiado lejos, y él es el primero en admitirlo.” Afirma una y otra vez que
Kurtz no está loco. “Si hubiesen podido escucharlo hace dos días… Si hubiesen
podido escucharlo entonces… Dios…”
“Este tipo, el Coronel, está
chiflado, hombre”, dice el Chef a Willard. “Está peor que loco. Es demoníaco…
Esto es puta idolatría pagana. Mire a su alrededor. Mierda. Está loco. No tengo
miedo de todas estas calaveras, altares y mierda. Solía pensar que, si moría en
un lugar maldito, entonces mi alma no podría encontrar el Cielo. Pero ahora,
¡carajo! Quiero decir, no me importa a dónde vaya, con tal que no llegue a
aquí. Entonces, ¿qué quiere hacer? Yo mataré al hijo de puta.” Pero deja al
Chef en el bote y le pide que convoque un ataque aéreo sobre el campamento de
Kurtz si en 8 horas no tiene noticias suyas.
Willard piensa: “Todo lo que vi
me decía que Kurtz estaba loco. El lugar estaba lleno de cadáveres.
Nordvietnamitas, vietcongs, camboyanos. Si aún estaba yo vivo, era porque él me
quería de ese modo.” Y al llegar al “cuartel general” de Kurtz: “Olía a muerte
lenta allí, malaria y pesadillas. Éste era el fin del río, estaba bien.”
En medio de la penumbra, Kurtz,
tambaleándose, cansado, entrado en peso y pelado, se toma la cabeza con las dos
manos. Pregunta a Willard sobre su pasado y al escuchar el nombre de Ohio, el
estado en el que nació el Capitán, recuerda el río del mismo nombre y una
travesía que hizo en él de niño hasta un vivero de flores de gardenias: “podía
pensar que el Cielo había caído en la tierra en la forma de gardenias”. El
viaje de un niño hasta el Cielo, el viaje de un adulto hasta el infierno…
Se imagina la misión y que el fin
de Willard es matarlo. “¿Has considerado alguna vez las libertades auténticas?
¿La libertad ante la opinión de otros? ¿Incluso ante la opinión de uno mismo?
¿Te dijeron por qué, Willard? ¿Por qué querían poner fin a mi mando?”
Al comienzo, Willard se escuda en
lo secreto de su misión. Pero Kurtz insiste. “—¿Qué te dijeron? —Me dijeron que
se había vuelto loco y que sus métodos eran anormales.” Kurtz toma su puño.
“—¿Son mis métodos anormales? —No veo ningún método, mi Coronel. —Me esperaba
alguien como tú. ¿Qué esperabas tú? ¿Eres un asesino? —Soy un soldado. —No eres
ni una cosa ni la otra. Eres un niño vagabundo, enviado por el verdulero a
cobrar una factura.”
A la mañana siguiente Willard
amanece en una jaula de cañas, de las que se usan en esas regiones para atrapar
tigres. A su alrededor, cuerpos putrefactos y moscas.
El fotógrafo cuestiona al
enviado: “¿Por qué un buen muchacho como tú quiere matar a un genio? ¿Sabes que
el hombre realmente te quiere? Él te quiere. Realmente te quiere. Pero tiene
algo en mente para ti. ¿No tienes curiosidad? Algo está pasando allí afuera,
hombre. Sé algo que tú no. Está bien, muchacho. El hombre tiene claridad en su
mente, pero su alma está loca. Oh, sí. Está muriendo, creo. Odia todo esto. Lo
odia, pero el hombre es, bueno… Lee poesía en voz alta, ¿está bien? Le gustas
porque aún estás vivo. Tiene planes para ti. No, no, no voy a ayudarte. Tú vas
a ayudarlo a él, hombre. Quiero decir, ¿qué van a decir, hombre, cuando él ya
no esté? ¿Eh? Porque morirá cuando muera, hombre. Cuando muera, morirá. ¿Qué
dirán de él? ¿Qué dirán? ¿Que era un buen hombre? ¿Un hombre inteligente? ¿Que
tenía planes? ¿Tenía sabiduría? ¡Mierda, hombre! ¿Seré yo el que los corrija?
Mírame. ¡Estás equivocado! ¡Serás tú!”
Siguiendo las órdenes dadas por
el Capitán, y habiendo pasado más de 8 horas sin noticias de él, el Chef
intenta comunicarse con “Todopoderoso” y pedir un ataque aéreo sobre el cuartel
de Kurtz.
En la siguiente escena, el
Coronel, con la cara camuflada, se acerca despacio a Willard en su jaula. Y
arroja entre las piernas de éste, la cabeza del Chef.
En Redux, Kurtz da un monólogo a
Willard, explicando sus razones, no sólo para defeccionar de sus “mandos
naturales”, sino también para exiliarse del mundo, de la sociedad. Rodeado de
niños, cita un artículo de la revista Time en el que se asegura que, aunque el
fin de la guerra parece lejano, los funcionarios del gobierno piensan que el
enemigo está a punto de llegar al límite y no podrá seguir combatiendo. Cita
socarronamente otras noticias “optimistas”.
Willard es liberado de su jaula mientras el Coronel lee un fragmento de “Los hombre huecos” de T. S. Eliot: “Somos los hombres huecos, los hombres rellenos de aserrín, que se apoyan unos contra otros, con cabezas embutidas de paja. ¡Sea! Ásperas nuestras voces, cuando susurramos juntos, quedas, sin sentido, como viento sobre hierba seca…” Contornos sin forma, sombras sin color, paralizada fuerza, ademán inmóvil.
Y el fotógrafo agrega: “Está
realmente allí. ¿Entiendes lo que dice? ¿Lo haces? Esto es dialéctica.
Dialéctica muy simple. Uno por nueve. Sin talvez, sin supuestos, sin
fracciones. No puedes viajar por el espacio. No puedes salir al espacio, sabes,
sin, sabes, con fracciones. ¿Dónde vas a aterrizar? ¿Un cuarto? ¿Tres octavos?
¿Qué harás cuando vayas de aquí a Venus o algo así? Eso es física dialéctica,
OK. Lógica dialéctica es que sólo hay amor y odio. O amas a alguien o lo odias.
‘Así es como se acaba el [puto] mundo.’ Mira esta puta mierda aquí, hombre. ‘No con un estallido sino con un quejido.’ [repite estos versos finales de Los hombres
huecos.] Y con un gemido, me estoy partiendo, muchacho.”
Un paneo de cámara muestra unos
textos en la guarida de Kurtz: la Santa Biblia, “Del ritual al romance” de
Jessie Lailay Weston y “La rama dorada” de sir James George Frazer. Libros
clásicos, sobre mitos, sobre búsquedas espirituales, sobre viajes iniciáticos…
“En el río, pensé que en el
minuto en que lo viese, sabría qué hacer, pero no pasó así. Estuve allí con él
durante días, sin guardias. Era libre, pero él sabía que no iría a ningún lado.
Sabía mejor que yo lo que yo mismo iba a hacer. Si los generales en el cuartel
de Nha Trang pudiesen ver lo que yo vi, ¿querrían aún que lo matase?
Probablemente más que nunca. ¿Y qué querría su gente en casa si supiese qué tan
lejos de ellos estaba ahora realmente? Se había separado de ellos y luego se
separó de sí mismo. Nunca había visto un hombre tan quebrado y tan dividido.”
Nuevamente Kurtz intenta
explicarse. “He visto horrores, los horrores que tú has visto. Pero no tienes
derecho a llamarme asesino. Tienes derecho a matarme. Tienes ese derecho… pero
no tienes derecho a juzgarme.”
“Es imposible que las palabras
puedan describir lo que es necesario para aquéllos que no saben lo que
significa el horror. Horror. El horror tiene cara. Y uno debe hacerse amigo del
horror. El horror y el terror moral son tus amigos. Si no lo son, entonces son
enemigos que debes temer. Son enemigos de verdad.”
Y la memoria de un punto de
inflexión en su vida. “Recuerdo cuando estaba en las Fuerzas Especiales.
Parecen mil años atrás. Fuimos a un campo a vacunar a unos niños. Dejamos el
campo luego de inocularlos contra la polio. Y este viejo vino corriendo detrás
de nosotros y lloraba. No podía hablar. Volvimos y ellos habían ido y habían
arrancado cada brazo vacunado. Estaban ahí, en una pila… una pila de bracitos.
Y recuerdo que… lloré. Lagrimeé como una abuela. Quería arrancarme los dientes.
No sabía lo que quería hacer. Y quiero recordarlo. No quiero nunca olvidarlo.
No quiero nunca olvidarlo. Y entonces me di cuenta… como si hubiese recibido un
disparo, como si hubiese recibido un disparo con un diamante, una bala de
diamante en mi frente. Y pensé: ‘Mi Dios, ¡qué genialidad eso! ¡Qué
genialidad!’ La voluntad para hacer eso. Perfecta, genuina, completa,
cristalina, ¡pura! Y entonces me di cuenta de que ellos eran más fuertes que
nosotros, porque podían soportarlo. Éstos no eran monstruos. Éstos eran
hombres… tropas entrenadas. Estos hombres que peleaban con sus corazones, que
tenían familias, que tenían hijos, que estaban llenos de amor… que tenían la
fuerza, la fuerza de hacer eso. Si tuviese diez divisiones de aquellos hombres,
entonces nuestros problemas aquí acabarían rápidamente. Debes contar con
hombres que son morales y a la vez pueden utilizar sus instintos primitivos
para matar… sin sentimientos, sin pasión, sin deliberación… sin deliberación.
Porque es la deliberación la que nos vence.”
“Me preocupa que mi hijo no
comprenda lo que he intentado ser. Y si debo morir, Willard, desearía que
alguien vaya a casa y cuente todo a mi hijo. Todo lo que hice, todo lo que
viste. Porque no hay nada que deteste más que el hedor de las mentiras. Y si me
entiendes, Willard, tú… tú harás esto por mí.”
Mientras tanto, los nativos se
preparan para un sacrificio ritual. Lance, semidesnudo, se mezcla con ellos. Y
Willard regresa a la lancha, donde escucha: “Éste es Todopoderoso esperando
instrucciones. ¿Me copian?” Sabe que el ataque aéreo es inminente, pero se
cuestiona sus órdenes: “Me harán Mayor por esto y ni siquiera estaba más en el
puto Ejército. Todo el mundo quería que lo haga. Él más que nadie. Sentía como
que me esperaba, aguardando que ponga fin a sus dolores. Sólo quería irse como
un soldado, de pié. No como un renegado pobre, malgastado y cubierto en
harapos. Incluso la jungla lo quería muerto, y, en cualquier caso, era de allí
de donde tomaba sus órdenes.”
Abandona la lancha y parte
lentamente hacia un viejo templo budista que oficia de cuartel de Kurtz, donde
éste aguarda el sacrificio final. Mimetizado, Willard surge de las aguas con un
machete en la mano. Se escucha nuevamente la música de The Doors, “The end”,
como al comienzo.
Kurtz graba una lectura.
“Entrenamos a los jóvenes para arrojar fuego sobre seres humanos, pero sus
comandantes no les permiten escribir ‘carajo’ en sus aviones porque es
obsceno.”
Ve a Willard aproximarse y se
entrega. Mientras que, afuera, los nativos sacrifican un búfalo de agua.
Agonizante, en el suelo, Kurtz se limita a repetir: “El horror. El horror.”
Willard lentamente abandona el
templo mientras lee una anotación de Kurtz en rojo sobre unos papales escritos
a máquina: “Arrojad la bomba. ¡Exterminadlos a todos!” Se sienta por un
instante en el lugar del Coronel ahora muerto, mientras se le aproximan nativos
que lo veneran como un nuevo rey-dios.
Pero Willard decide seguir y
camina entre ellos, mientras bajan sus armas y lo observan con temor
reverencial. Toma de la mano a un lance completamente perdido y lo conduce
lentamente hasta la lancha.
Se van lentamente por el río, cae
una lluvia torrencial, y “Todopoderoso” sigue intentando comunicarse por radio…
una radio que Willard apaga abruptamente. Mientras, como entre sueños, se
escuchan ecos de Kurtz: “El horror… El horror.”
THE HORROR!
Fin.














